
Me levanto y miro el abismo sobre el que me sentaba.
Él agita sus manitas marrones y desde ahí abajo, con una voz aún infantil, grita
desesperado:
- ¡Padre, sácame de aquí, me estoy ahogando!
Pero aprieto el botón y se lo lleva una riada mientras aulla de desesperación.
- ¿Por qué, Padre, por qué me haces esto?
Ni siquiera contesto al pobre diablo, que desaparece para siempre de mi vista....
Muere, hijo de puta