Seguimos encontrando hojas en cajones. El sentido de estas a veces son un poco incomprensibles pero no sé porque esta historieta me recuerda a algo. Por eso la foto no puede ser otra que un recuerdo para el Hombre Líquido. De todas formas lo que me gustaría es oír esto recitado por Ricardo Costa; si es que este es real.
Carl Linneo caminaba por la calle agarrando un maletín y un ramo de flores. Acudía a visitar al subsecretario con el único fin de chantajearle ya que había descubierto unos documentos muy comprometedores con los que esperaba sacar un buen dinero. El ramo de flores era una cortesía obligada cuando se visitaba a un subsecretario.
Era la hora en la que la ciudad daba una tregua a sus ciudadanos; la hora en la que los coches desaparecen porque el asfalto se licua y los engulle y la gente huye a sus casas porque es la hora del viento y la lluvia amarilla. Pero a Carl no le importaba y mientras cruzaba el río, una ráfaga de viento se llevó su sombrero arrastrando la tapa de sus sesos con él. Es una pena que este momento no pudiera ser visto por nadie puesto que los colores del cerebro de Carl ofrecían un espectáculo extraordinario; además sus ondas cerebrales iluminaban la calle con tonos amarillos a juego con la lluvia.
Y así llegó al Ministerio creando el estupor entre los guardas apostados en la entrada que le conocían y sabían que su presencia no podía traer nada bueno. Se apartaron todos a su paso y pudo llegar sin obstáculos al despacho que buscaba. El subsecretario le recibió en la postura establecida en el Código de Protocolo de los Subsecretarios: la pierna derecha enroscada alrededor del cuello y la pierna izquierda apuntando al sur suroeste al tiempo que canta el himno de los subsecretarios. En seguida le indicó que se sentara en el sillón de cuero que tenía frente a su mesa.
Carl se sentó y le tendió los documentos y el subsecretario los miró atentamente.
Al cabo de un segundo el Subsecretario expresó su sorpresa con giros alternativos de sus globos oculares y dijo:
“Debe ser una broma, aquí no hay nada.”
Al comprobar los documentos Carl comprobó que efectivamente, en los doscientos folios con membrete del Ministerio no estaba la información comprometida que él había leído y con la que pensaba vencer la voluntad del Subsecretario. En aquellos folios sólo se podía leer una frase repetida hasta el infinito:
“Subsubidú”
Avergonzado, la cara de Carl se puso de un color rojo luminoso y empezó a mover sus orejas de tal forma que se puso a levitar a dos metros del suelo.
Pero no todo fue vergüenza para Carl. Su demostración de vuelo y los reflejos irisados de su cráneo abierto habían tocado el corazón del Subsecretario que, henchido de amor comenzó a besarle el cuello.
Y así nació una maravillosa historia de amor y burocracia.
3 comentarios:
En un momento parece que habias leido mucho a vian en esa epoca, pero no, demasiado corin tellado y lovecraft al mismo tiempo. Como nos gusta el amor entre gente diferente.
Lucindo
Corin Lovecraft: "Los mitos del Hombre Liquido" Esa presencia y esa voz del amiguito del alma. Mmmmm
Como juntar dos tan antitèsicos en la misma nomencaltura? Me parece genialmente loco. xD
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