jueves, 25 de junio de 2009

TARDE AUTOMOVILÍSTICA

Ya eran las doce. Estaba intentando comprar un coche en alguna página de gangas en Internet. La ecuación era sencilla; el coche que fuera a cambio de la poca pasta que tenía para gastar. No era fácil. Un poco desesperado encendí un cigarro y me quedé pensativo mirando el humo.
Entonces, llamaron a la puerta. No eran horas para que alguien llamara a la puerta así que me alarmé. Fui hasta la puerta y miré por la mirilla, al otro lado había un señor bajito con un extraño bigote. Me hablo con una voz levemente gangosa y dijo mi nombre; tenía una urgencia que no precisó. Abrí la puerta y nada más hacerlo me roció con un spray que me dejó paralizado, pero consciente por lo que pude ver perfectamente que el hombrecillo cargaba conmigo con una facilidad pasmosa para su tamaño. Bajó las escaleras conmigo al hombro y salió a la calle y dobló hacía el callejón que discurre detrás de mi casa. Entonces se introdujo por una puerta que yo no había visto nunca y ante mis ojos apareció lo que parecía un salón de baile. Había un trono y en el sentado otro personaje bajito y calvo pero con evidentes injertos en el pelo. Todo el salón estaba lleno de muchachas que bailaban desnudas y complacían de muy diversas formas a los hombres que allí había. Sin duda esos hombres habían sido secuestrados como yo. Imagine que en cuanto recobrara la movilidad de mi cuerpo alguna de esas muchachas se dedicaría a proporcionarme placer a mi también. Y entonces olvidé que necesitaba un coche.

viernes, 19 de junio de 2009

IZZO O MARSELLA VISTA POR UN IDEALISTA ALGO TRISTE

Cuando un escritor decide que la ciudad en la que suceden los acontecimientos de su novela se convierta en protagonista de la misma, esta asumiendo un riesgo, uno muy grande. La cosa puede acabar siendo una simple y aburrida hagiografía
incapaz de despertar el interés de ningún lector con un mínimo de sensibilidad.
Evidentemente, Izzo tuvo con Marsella una relación intima en intensa; por fortuna para nosotros, el escritor consigue hacernos sentir sus emociones al recorrer cada rincón y callejuela de su ciudad; convirtiendo el libro en un regalo gratificante.

No nos confundamos, al leer el libro me pregunté varias veces como es posible que lo narrado me atrajera con tanta intensidad; ¿por qué sigue uno leyendo un libro en el que un ángel acaba de fenecer entre moscas y desechos físicos?. No es este un libro feliz y, sin embargo, resulta complicado abandonar la historia del policía que solo encuentra sentido a la vida cuando pierde a un par de amigos y se debe de enfrentar a la posibilidad de ser el tercero. La mierda de Marsella al descubierto, la mierda del escritor, por tanto, nos envuelve por todas partes.; y así respondemos a la pregunta anterior. No dejamos de leer, aunque estemos asqueados ante las moscas y la herrumbre humana, porque el autor consigue que la sintamos como nuestra. Izzo lleva a sus personajes al límite, sin contemplaciones, sin medias tintas, presentando sus vidas desgraciadas con tal verosimilitud que uno acaba por entender cada paso, cada mirada, cada acto de las gentes que pululan por Total Kheops. Encontramos a las gentes desnudas, sin protección ante un mundo que no regala nada a nadie y que, en cambio, te devorara las entrañas a la mínima posibilidad; Izzo consigue así que nos impliquemos con ellos, que les sintamos un poco parte de nuestro mundo, cercanos a ellos hasta atraparnos sin remedio.
La Marsella que aquí vemos esta lleno de mafiosos, policías corruptos, mercenarios nazis, quinquis, chorizos, putas, inmigrante. Todo el orbe típico de una novela negra, personajes decadentes que envuelven unos crímenes horrendos. No creo en los géneros, me da igual que una novela sea histórica, negra, rosa, para mujeres o para chavales de 15 años; busco que me emocionen, que me sorprendan, que la historia narrada encuentre descanso en mis vísceras. Las novelas son buenas o no. Esta lo es.

Izzo es un idealista que no encuentra demasiadas razones para seguir siéndolo; vuelve su mirada a su entorno y decide escribir una historia desgarradora porque no puede hacerlo de otra forma. Seria una traición obviar el dolor, la tragedia que le envuelve, la vida, en definitiva. No es posible. Nos muestra el lado oscuro sin evitarnos detalles porque están ahí. La vida sale a borbotones y él es su testaferro. Pero seria un error pensar que solo hay tragedias. También hay mujeres maravillosas que harían enloquecer a cualquier hombre en su sano juicio y la poesía de una ciudad que resplandece en cada pagina; paginas donde el mestizaje se reivindica como solución y no como problema, mostrándonos que hasta ahora no hemos hecho bien las cosas. Lo ideal seria la concordia. Izzo sabe que el camino elegido no es el correcto. Las gentes de este libro, consiguen, en medio de la miseria, sonreír y amar y gozarse unos a otros. Izzo es un idealista, pero no se engaña, sabe que para ellos ya solo queda la tristeza y un vaso de Lagavullin, acompañados por unos pimientos rellenos. Lo demás duele, siempre.