Soy el primero de los personajes que intervienen en este relato, pero mi papel, lejos de ser el principal, se reduce al de vocero. Testigo accidental de una historia que creo merece ser contada. ¿Tan insólita es?, preguntaran los escépticos La verdad, todavía hoy no entiendo muy bien que paso dentro de aquella ambulancia, ni comprendo del todo las fuerzas que lo motivaron, es mas, creo que la razón de hacer publica esta historia es mi imperiosa necesidad de reconocer que aquello fue algo mas que un grotesco sueño. Situémonos, pues, y empecemos con el tratamiento...
Agosto de 2008, unas semanas antes me había operado la rodilla por unas complicaciones severas; así que ahí iba yo, con mis muletas, trotando por los pasillos del H. Ramón y Cajal, después de una sesión en las adorables manos de mis crueles fisios. Justo al final del camino me espera Antonio, un señor importante en esta historia, pues es el que adjudica los sitios en las ambulancias que nos llevan a casa tras nuestros tratamientos de recuperación. Antonio reina en sus territorios con decencia y pulcritud, otorgando a los más débiles y a sus amiguetes sitios con la misma paciencia y rapidez. Aquel día, junto a la mesa donde se despacha el destino de los tullidos sin trasporte propio, estaba mi futuro conductor, un muchachote en todos los sentidos. Un tipo grande, cercano a los dos metros, tan orondo como jovial y divertido. Nada mas verme se inicio el ritual de las bromas y chascarrillos al que yo me uní enseguida; es fácil entender que, cuando uno anda lisiado, lo que menos se necesita son caras tristes y discursos grises. Estos profesionales lo habían entendido a la perfección y bromeaban con el primero que se presentaba. Ya fueran mancos, cojos, ictus cerebrales o viudas recientes. Sin límites.
La rutina exigía que Antonio llamara a la central y diera los nombres de las personas que estaban a punto de salir. Ese día solo dio dos. El mío y el de la madame de nuestra historia. Nuestro personaje principal hace su aparición bajo los calores de Agosto: es una cuarentona, embutida en una camiseta de manga larga negra de algodón, unos pantalones del mismo color y unas botas militares enormes. De talla baja, esta sensación de acrecentaba al bambolearse bajo unas muletas sobaqueras que parecían agigantarse junto a ella- tristemente, mas tarde supe que la artrosis la corroe despacio pero con firmeza desde hace unos años. Por ultimo, en su espalda coronaba una mochila oscura en la que brillaban dos chapas importantes en todo esto. Pues eran dos chapas de AC/DC.
Los que me conocen saben que tengo varios defectos en mi personalidad; pero también que poseo excelentes virtudes. Una de ellas es mi gusto por la música del grupo australiano (; otra es mi curiosidad verborreica. Es fácil deducir, pues, mis próximos movimientos. Sabiendo que al conductor le gustaba la música bacalao, inicie una conversación uniéndome a la madame cuya intención era atacar los gustos musicales de nuestro chofer. Ella empezó enseguida a cooperar en mis ataques musicales, lanzando chanzas contra el techno y su mundo. Pero, aunque el ambiente era risueño, yo notaba en las palabras de mi compañera cierta condescendencia hacia los que no opinaban como ella, una brusquedad que no venia a cuento. Ahora entiendo que, cuando se vive en ciertos mundos, es normal sentirse atacado por la presencia de los “otros”, sobre todo cuando estos no son tan sublimes en sus percepciones. Personalmente, no se quien son los “otros”, pero ella parecía tenerlo clarísimo.
Lo que me provoca cierta inquietud es que, durante unos instantes, ella creyó que yo podría estar interesado. Y eso no ayuda a mi estabilidad emocional, sino todo lo contrario. ¿Qué mensajes mandan mi lenguaje corporal y lingüístico para que alguien pueda creerme interesado en semejante barbaridad? La respuesta es inquietante.
A esas alturas la conversación empezaba a girar claramente sobre la lucha del mundo undreground por no acabar sepultado bajo loa bota de lo mediocre, representado por las radios formulas y demás pastiches del marketing. Recuerdo que lo convencional fue tachado de hipocresía típica de los cobardes en varias ocasiones. A nosotros nos costaba seguir en todo aquello, e intentábamos volver a lo jocoso, pero la madame, sin romper de todo el ambiente, lo enrarecía con su postura beligerante. Tampoco pensamos que la situación fuera mucho más allá así que la seguimos el juego como dos conejitos inocentes que no saben que están en la cazuela hasta que la cosa empieza a hervir. Nadie podría esperarse que algo tan inocente escondiera una realidad tan…oscura.
Pues yo tengo una pagina en Internet
Anda coño, yo también. ¿De que va la tuya?
No te va a gustar, es un poco fuerte. Déjalo.
Bueno, no será para tanto. La mía no es más que una tontería donde escribimos paridas y risotadas A ver ¿Qué es?, ¿gatos?, ¿música hardcore? ¿Trans filipinos?
Algo así
Joder, ¿como algo así??
Es una página de dominación. Yo es que antes de estar enferma era una madame.
¿Una madame?
Si, una domina. Con esclavos sexuales y esas cosas.
A través del retrovisor pude comprobar que mi escepticismo era compartido en la cabina de delante. En ese momento no nos creímos nada, era imposible que esa mujercita, de aspecto tan enfermizo e inofensivo, fuera una señora de la noche, una reina de lo prohibido. Nuestros egos saltaron e hicieron sonar todas las alarmas. Aquella mentira era inadmisible.
Dos enloquecidos cerebros masculinos exigieron una prueba o una disculpa. Ahora puedo decir que he aprendido la lección. Cada uno de nosotros es un secreto para el resto de la Humanidad.
Muy bien. Tengo fotos en mi móvil.
Juro que en ese mismo instante, la ambulancia paró. Estábamos frente al portal de nuestra madame. Mi enorme socio bajo por su puerta al grito de “Hemos llegado” y abrió la portezuela lateral por donde, normalmente, nos deslizamos al exterior los clientes de la sanidad publica. Cuando lo hizo, nos miramos. Empezábamos a entender que habíamos perdido.
Este es mi puño dentro de, bueno, ya sabes…y él es mi esclavo…esta es una fiesta privada en la que me hicieron un homenaje…fue especial porque libere a mis esclavos….ellos a cambio hicieron todo esto para mi…como regalo de despedida…mira…esto es un gallo….se cogen pinzas de colores y se van acoplando a los testículos….un día os venís…os va a encantar
No iré más allá. Eso queda para los dos tontos que se encogían junto a la madame, acojonados ante lo que veían sus mediocres ojos. Él empezó a decir que eso eran guarradas, unas cerdadas insoportables mientras ella se reía y le decía que probara con su chica, que se liberara. Yo, mas pedante, empecé a decir que cada uno era libre y que, claro, aunque a mi no me gustaba, creía en la libertad, bla bla bla. Realmente, estaba anonadado.
Sorpresa, descubrí que mi moral tenia algo de puritana; como novedad, no era agradable de experimentar; de pronto, se me mostraba un escondrijo con él que no contabas; descubrir nuestros limites escuece. Ayyy
Mientras veía las fotos una poderosa fuerza interior me impelía a denunciar esas grotescas actitudes. No lo hice, conserve el recato, pero perdí algo de amor propio al tomar ese camino.
Antes de bajarse. La madame nos miro y nos pidió discreción. Ambos le dijimos que tranquila, que no se preocupara. Que éramos dos tumbas. Ella se alejo, bamboleante, poderosa en su nulidad mientras nosotros iniciábamos el camino hacia mi casa.
Al principio, era evidente que estábamos coartados por lo que acabábamos de contemplar. Ninguno había sido testigo de algo así; por mucho que uno navegue por la red, siempre se evita llegar a ciertos lugares. Enseguida nos topamos con mi destino. Repetimos la operación en silencio: él bajo y me abrió la puerta. Yo me erguí despacio y pegue un brinco. Aterrice a la perfección, cogí mis muletas y me dispuse a largarme cuando el me paro con el brazo. Su cara brillaba, era como si hubiese descubierto el sentido de la vida. El secreto de la felicidad iluminaba sus fauces.
¿Ha dicho discreción?
Si, lo ha dicho. D-I-S-C-R-E-C-C-I-Ó-N
No se si podré.
Si, realmente creo que va a ser complicado ser discreto en este caso. Muy complicado.
3 comentarios:
Me encanta cada vez que la escucho o la leo.
Habéis traicionado mi confianza, preparad vuestros esfínteres para el más duro castigo
Madame
Coño.....Lucinda, que nos quieren meter la muleta hasta el piloro
Lucindo
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