Ella era la primera de la cola en el banco esta mañana. Había llegado diez minutos antes de que abrieran para solucionar el asunto cuanto antes; era lo último que le quedaba por solucionar, después podría respirar tranquila.
“Quiero que me hagas un cheque, bueno, quiero sacar todo el dinero, vamos, lo que realmente quiero es cancelar la cuenta”.
El cajero anestesiado todavía a primera hora de la mañana consultó la pantalla de su ordenador con movimientos pausados y después dijo:
“La cuenta es de titularidad conjunta; para cancelarla necesito la firma de los dos”.
Ella nerviosa replicó:
“Y no podría enviar luego él su firma por fax”
“Me temo que eso no se puede hacer”.
El cajero se detuvo a pensar alguna alternativa; después de todo la mujer era una de las clientas más antiguas del banco. Entre los pliegues de la somnolencia encontró una solución.
“Si quiere llévese el impreso de cancelación y me lo trae luego firmado. Entonces cerraremos la cuenta”.
La mujer tomo el papel que el cajero le tendía y soltó un “gracias” entre dientes. Estaba enfadada.
De vuelta a casa no dejaba de repetirse a si misma “Podrías haberlo pensado antes de descuartizarle” mientras trataba de que una mano inerte armada con un bolígrafo firmara el dichoso documento de cancelación.
4 comentarios:
Ayyyyy el amor, como duele....y que luego digan que todo lo hacemos por puro interes.
Lucindo
A mí lo del amor en este cuento la verdad que se me escapa
Hombre, digo yo, que cuando firmaron una cuenta conjunta, algun interes conjunto tenian...
Lucindo
Para Lucinda que esta por china, un abrazo tio, ayr me acorde de ti...espero que lo hayas disfrutado
Un besazo a Natalia
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