viernes, 7 de marzo de 2008

WEEKEND


Devuelvo la conexión a Madrid que me voy de fin de semana a Sonzhou , la Venecia de China ¿?
El lunes vuelvo, os dejo con un poco de prosa poética de parte de Lu.

HOY HE VISTO UN CEREZO EN FLOR

Hoy he visto un cerezo en flor. Era por la mañana, bien pronto, el día aun no había amanecido y el sol se resistía a bendecir este mundo y a sus locuras y sus inmundicias y sus alegres poemas. Alrededor mío las almas se encaminaban a sus lugares de trabajo, hombres y mujeres dormidos que sueñan con el viernes, que marchan por el martes como un castigo impuesto, ciegos, sordos; gentes que se empujan por llegar a un lugar al que no quieren llegar, del que saldrán despavoridos y al que volverán mañana, cerrando círculos grises, sin nada que aportar, sólo una hipoteca durante 50 años. Círculos grises que atrapan a todos, al tipo del café con anisete y al del soberano largo, a las mujeres de grandes caderas y a los hombres que viven bajo su sombra, al recién llegado a este mundo y al experto en lo sórdido, al que se alimenta de ellas y a la que sabe que solo con subirse la falda el mundo se pone a sus pies.

Antes de nada, hoy he visto un cerezo en flor, y me he parado a observarlo, y el autobús se ha ido, dejándome solo, sin saber si quería seguir allí, admirando las joyas blancas que decoraban sus ramas o seguir mi día, vestido de ordinariez, de nada, de silencios abarrotados de estupideces; el señor de azul me mira extrañado desde el autobús, él no ha visto el cerezo, por eso sigue sin mas, sin pararse.

Las sombras se apretujan, se insultan, se ignoran, se miran con ojos anegados de odio, de malestar, de un dolor que no saben detectar, solo sufrir, dolerse; las niñas se visten de mujeres y los niños las persiguen con su bólidos puntiagudos, pero ellas siguen recto, sin pararse a mirar a los cerezos en flor que decoran la avenida. Sus flores blancas son invisibles, y los niños atropellan los jardines, acelerando sus flamantes ataúdes, matando al cielo, a las nubes. ¿Cómo van a ver al sol reinando?, ¿cómo van a guardarse los rayos, luminosos, en sus bolsillos y disfrutar de ellos cuando la memoria les flaquee? Las sombras nos apretujamos, nos atacamos en silencio, nadie quiere estar ahí, y todos saben que los responsables de la desdicha es el aire, que te envuelve poco a poco, hasta que dejas de ser niño y juegas con bólidos rojos, amenazantes, que pasan por encima de las flores blancas.

He visto un cerezo en flor, y me ha paralizado el alma, porque durante días, semanas, siglos, parecen siglos interminables, que se aplastan hasta hacerse uno solo, inabarcable, que se te escapa, durante ese tiempo, yo estaba ciego. Mis ojos veían los libros que leían, veían a las mujeres que se contoneaban a mi alrededor, llenando mi estomago de dolores, de presiones, de gozos inventados, miraba asientos vacíos donde rendirme, miraba autobuses que nos trasportaban a nuestros cubiles, pero, ay, mi alma no veía al cerezo en flor, pasaba de largo, junto a los otros cuerpos uniformados para la nada, para la gloria, ciegos, malditos ciegos, que nos vemos las flores, ni los versos del cielo, vemos ojos que nos imploran una pista, por favor señor, por donde esta la salida, y tu les miras, y les entiendes, porque tus ojos gritan los mismos gritos, porque tampoco sabes por donde se marcharon las fuerzas, las ganas de que mañana sea miércoles y no viernes, no hay nada que decir. Tal vez una sonrisa, perdida en los mares de la pena, de la abulia. Ciegos, los días, sus luces monótonas, sus brillos llenos de oropel y falsas visiones no nos dejan ver nada, solo a los pechos de la señorita de enfrente, sueños perdidos, miserias que no llevan mas que a lo miserable, o el Marca, mas mentiras, mas idioteces, o, simplemente, dejar que los ojos se pierdan en los suelos, cabizbajos, porque mañana es miércoles, y el viernes no llega, jamás llega.

Hoy he visto un cerezo en flor, y entonces, y solo entonces, he dejado de espiar las esquinas de las rubias, de buscar la verdad en libros de otros y me he parado frente al cerezo. Los dos en silencio, sin nada que decirnos, solamente contemplándonos, yo con admiración, lleno de sorpresa, vació de lo gris; y él, maravilloso cerezo en flor, me chillaba que corriera, que el tren se iba, que no esperaba a nadie y yo me alejaba, estupido de mi, en la dirección equivocada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De lunes a viernes no hay recuerdos, parece. De lunes a viernes un señor encorbatado ordena nuestras horas. De lunes a viernes somos dueños de la tele. De lunes a viernes desayunamos, odiamos, comemos, odiamos obsesivamente. De lunes a viernes...
Hoy he visto un cerezo en flor.