Ella se dio la vuelta y se alejó.
Él quedó clavado en aquella calle, viendo como se hacía pequeña
Mientras ,su corazón licuándose ya se había deslizado por la pierna y se filtraba en la acera.
La acera se abría a sus pies y cuando ella ya sólo era un punto al final de la calle, él ya sabía que lo único que le quedaba era el abismo que tenía debajo.
Y encima había vuelto a hacer frio.
1 comentario:
Y lo calentito que se esta bien metido en ese agujero...como conocemos el regusto amargo de esa soledad¡¡¡¡¡
LUCINDA
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