lunes, 31 de marzo de 2008

ESCENA DE CALLE Nº 2



En la calle la gente caminaba hablando a través de sus teléfonos móviles; o quizá portátiles. Cada vez más palabras eran lanzadas al aire sin control.

Y ocurrió un día, y yo lo vi. Dos personas se cruzaron en plena calle y dos de sus palabras quedaron enredadas. Las palabras fueron madre y mañana. Supongo que por afinidad de “ma”.

Lo que yo vi fue sólo el principio. Al cabo de poco tiempo las palabras enredadas formaban hilos que surcaban las calles de la ciudad a lo largo de las aceras. “¡Qué espectáculo!” decía la gente y disfrutaban todos de las bonitas cadenas de palabras.

Más tarde empezaron a enredarse entre ellas palabras de idiomas distintos y los hilos se hicieron ovillos y cubrieron la ciudad y todas las ciudades, y todos los lugares del mundo acabaron envueltos en una tela de araña de palabras.

Convocaron a los más grandes científicos e ingenieros de telecomunicaciones para que encontraran un remedio a la situación.

No lo lograron.

jueves, 27 de marzo de 2008

ESCENA DE CALLE Nº1


Ella se dio la vuelta y se alejó.

Él quedó clavado en aquella calle, viendo como se hacía pequeña

Mientras ,su corazón licuándose ya se había deslizado por la pierna y se filtraba en la acera.

La acera se abría a sus pies y cuando ella ya sólo era un punto al final de la calle, él ya sabía que lo único que le quedaba era el abismo que tenía debajo.

Y encima había vuelto a hacer frio.

jueves, 20 de marzo de 2008

LO PROMETIDO ES DEUDA


Lucinda tiene amigos. Y Pedro y Candela son amigos de Lucinda, así que les hemos invitado a que vengan al blog para que les conozcáis. Esto lo escribe Pedro y lo inspira Candela. Gracias a los dos.

Y lo prometido es deuda.

Deuda por que la impongo, prometido por promesa insatisfecha.

Quisiera hablar de Candela de tal manera que pudierais empatizar con ella, pero no me doy cuenta de que ya lo habéis hecho sin haberla conocido. No es necesario llegar a ello porque, sin más, sólo por haber nacido ya es conocida. La descubriréis por su nombre, por su encanto y sus delicias. Su pelo rubio me encandila, pero, sin duda, su sonrisa y su mirada son las llamas más divertidas. Aquí me detengo, aunque me cueste, porque duele la alegría.

Hoy es el día del padre, es el día del padre, es el día del padre… lo oigo, lo escucho, me lo digo y no veo una imagen definida. Pero tiene mucho sentido.

¡Esto tengo que decirlo! Hoy me hizo un dibujito de mucho carácter para tener siete meses. Muy complejo y plástico con colores sobre papel y nombre dedicado: Papi, que Sandrita provocó. ¡Muchas gracias¡ Qué belleza. Qué encanto. ¿Qué será? ¿Le gustará el diseño? Seguro – pienso. Se le da muy bien la pintura. No, a lo mejor prefiere otra cosa. No me importa.

¿Por qué todos los padres pensamos lo mismo? Escogidos por el mismo patrón, pensamos que nuestros hijos los mejores y únicos en este mundo. Pero creo que es necesario, creo que estamos hechos de esta pasta. Antes de todo, éramos tales y cuales, diferentes unos de otros, pero ahora… elijo este conflicto para detenerme de nuevo, porque acaba de dejarme indiferente.

Si tuviera que definir esta experiencia no podría porque no existe un solo rincón en mi alma, en este mundo, en mis recuerdos que llegue, ni un poquito, a esto tan bonito. Quizás con el segundo hijo, María, pueda comparar uno con otro y encontrar, de esta manera, otro ejemplo. Pero ahora no lo consigo.

Candela, pedacito de mi alma, une con Sandra lo que necesito, pizpireta que enrabietas las mañanas en el cochecito. Cuando quiere, sólo cuando quiere calma su tristeza sonriendo y mis ojos, casi llorosos, la protegen y la miman. Si algo te pasara….

Miedo. Antiguo amigo que me acompañaba fugaz en los viajes, por los caminos alejados. Pero hoy soy su conquista. Lo ha conseguido. Ya no se aparta de mí, ni en los momentos más íntimos. Aprendemos a convivir con lo que nos asusta, aprendemos a vivir con la extrañeza de la vida, pero sabemos, en lo más profundo de nosotros que la felicidad es aliada y caprichosa y que nunca, nunca, nos olvida.

martes, 18 de marzo de 2008

06/03/2008

El frío me azota, entra por los resquicios, helando mi cuerpo; el día es triste, los vientos estropean los andares de las gentes, que se refugian en el primer lugar que sus derivas se encuentran. Se percibe un momento de cansancio generalizado, hartos del invierno, las calles se han vaciado, como si los ciudadanos se manifestaran, quedándose en casa como una muestra de una actitud beligerante. Calles vacías, coches invisibles, taxistas que buscan un cliente que les caliente la cartera, autobuses, vacíos de personas, que se mueven por la ciudad discretamente, en silencio, manejando sus pasos sin querer molestar, evitando posibles disturbios.

He salido del metro, voy a disfrutar del concierto de un amigo, pero mis bolsillos necesitan renovarse; así que busco un cajero. Esos hieráticos lugares donde el capitalismo ha impreso su triunfo, donde queda bien claro que el consumismo es nuestro nuevo Dios, dinero fresco, momentáneo, que se evapora enseguida, obligándonos a regresar a las malditas maquinas; prisioneros de nuestros vicios, de nuestras manías, nos empeñamos en volver a lo mismo y les damos, a ellos, a los que lo controlan todo, a los señores del oro verde, el poder de manejar nuestras desdichas, nuestros placeres, nuestras angustias y nuestros anhelos. Estoy a disgusto, incomodo, tengo frío y es de noche y mi cabeza se llena de incomodidades que, ahora mismo, se presentan como definitivas; han centrado la tarde, me he centrado en ellas, todo ello lo he vivido con disgusto, físicamente hablando he sentido cada incomodidad entrar y quedarse allí, golpeando; mi cuerpo no se acostumbra al frío y desea un lugar donde despojarse de la cazadora, anhela sentarse con un cigarro y una cerveza a escuchar música en directo, es lo que mueve mi cabeza, mis movimientos sólo se dirigen buscando conseguir ese objetivo, llegar al local y saborear la calefacción y a la banda manipulando sus instrumentos; poemas del viento que nos llenan de olvido y nos traen momentos felices, vividos o por vivir, inventados o sufridos. La música, en general, me hace viajar a lugares utópicos, a felicidades por descubrir, donde mi imaginación, desbordada, ya no tiene que luchar, sino dejarse llevar y disfrutar del placer que provocan esas notas a mi aterido cerebro.

Pienso en todo ello mientras busco un cajero. Mi amo personal tiene como símbolo un oso verde. Legañas heladas, motoristas ocultos bajo cascos imposibles respirando bocanadas que el frío retiene, coches con los cristales taponados por el calor del interior, manos embozadas en bolsillos salvadores. Encuentro un lugar donde poder recoger mi paga diaria, dirijo mis pies hacia allí. Solo puedo pensar en lugares calientes, cómodos, lugares donde se pueden ver pantuflas, chimeneas, calefacciones a plena potencia; mi vida, ahora mismo, se centra en el local de música, en conseguir llegar allí, así que entro en el cajero sin ver nada de lo que se mueve a mi alrededor, con una idea fija: sacar dinero y largarme de allí. Alejarme de todo, mover mi cuerpo a lugares despejados, secos, donde las lagrimas no se congelen antes de llorarlas.

Estoy sacando el dinero de un cajero que sale de una pared que esconde una oficina donde unos señores guardan dinero, y lo prestan, y con ese dinero otra gente se compra casas y coches y vacaciones al Caribe y se hipotecan y luego están todos los meses preocupados con eso y con el Euribor y otros enigmas parecidos y sus vidas discurren entre intereses y pagos adelantados, cancelados, suprimidos, beneficios fiscales y otros dolores de cabeza.

He marcado mi numero secreto, ese que me permite sentirme parte de este mundo, cuando escucho un murmullo a mis pies, una imprecación; primero me asalta un miedo poco cívico, un miedo que nos sale del fondo más atávico que hay en nuestro corazón, un miedo innato en los hombres que están sacando dinero de un cajero a las 22:00 en una calle oscura. ¿Me estarán robando?, me pregunto. Antes de mirar hacia abajo, agarro mi dinero y lo meto en mi bolsillo, saco las llaves y las meto dentro del puño.

Y entonces, me doy cuenta que el que ha hecho esos ruidos es el dueño de aquel espacio, un tipo cubiertos por mantas desechas, bolsas llenas de desperdicios, restos de los que alguna vez alguien consumió y tiró a la basura, lo que nadie desea, lo que ya no sirve a los civilizados, a los hipotecados; nada mas verlo, el frío entra en mi cerebro y se queda allí fijo, como una objeción de conciencia. El miedo que acabo de sentir se convierte en vergüenza; vergüenza por haber tenido miedo, vergüenza por haberme metido en su espacio, vergüenza por no haberlo visto, vergüenza por sentirme incomodo, por querer salir de allí corriendo, por el calor que me sosegará en cuanto entre en la sala de música.

Invadimos su espacio, y él se queja. Si alguien entrara en mi casa y pisara mis mantas, hiciera ruido y me despertara para volver a sentir un frío que yo pensaba había dejado para la mañana siguiente, entonces también me quejaría, mucho mas violentamente, desaforado, mis pupilas se habrían llenado de odio y habría atacado al atacador. El hombre, en cambio, solo se ha movido, mostrando su enfado y, al mismo tiempo, mostrándome que yo estaba ciego, que no veía hasta entonces. Me ha mostrado su presencia y yo, necio, he necesitado que me la mostrara, porque en mi mundo a las gentes como él no las vemos, y si lo hacemos las evitamos; igual que yo le hubiera evitado si llego a verle antes de meterme en su cubil.

Despacio, sin querer pisar ni molestar, me alejo de allí, pensando que ese hombre esta durmiendo en una esquina de la calle, tapado por dos mantas que se caerían a trozos si no tuvieran que cuidarle, rodeado de las inmundicias que le echamos, de pronto, no tengo frío, no tengo derecho a tener frío, ni tengo derecho a estar agobiado por mi alquiler; él dormía tranquilo, rodeado de gentes tapadas por lanas, bufandas, jerséis, que se meten en portales por no aguantar esa ola de frío durante 10 minutos mas de lo necesario. Yo volveré esta noche a mi casa, y encenderé un calefactor, y me arrullare en mis propias mantas, nuevas, calientes, mientras este hombre sigue sobreviviendo, molestado por los tipos que entran en su cajero a sacar dinero. Que derecho tengo a volver a tener frío en mi vida, que derecho tengo a sentir que mi cama es incomoda o que el desayuno esta poco hecho, que derecho tengo a quejarme de las aglomeraciones camino del trabajo. El calor azota mi cuerpo, las manos abren la cremallera de la chaqueta…me detengo un segundo, me doy la vuelta, miro al hombre, convertido en bulto, y cada poro de mi alma se llena de agradecimiento, y de pena. Malditas beneficios, malditos intereses y prestamos hipotecarios, malditos bancos, malditas empresas, maldita economía, ningún hombre debería vivir así, ningún hombre debería meterse en una esquina como esa y tomarla, poseerla; maldita sea la sociedad que permita algo así, porque se estará maldiciendo a sí misma, porque estará escribiendo su propia perdición. Siento que formo parte de esa sociedad podrida que permite que uno de sus ciudadanos se tenga que rodear de esas bolsas inmundas para sentirse propietario de algo.

Mientras me dirijo a escuchar a mi amigo, pienso que desde hoy, cada vez que sienta en mi espalda, en mi estomago, el chorro de agua caliente de la ducha, recordare que soy un maldito privilegiado, que las cosas pueden ir peor, y que lo único que diferencia a ese hombre tapado con esas mantas y a mí, es un giro, es un centímetro mas o menos, es una maldita casualidad. Hoy sé que no escuchare música de más calidad, ni disfrutare de cerveza más sabrosa que la que esta noche el destino, maldito sea, me ponga delante. No somos dueños de nada, no tenemos propiedad alguna que valga un solo dolor de cabeza. Ligeros, dando bandazos, nos movemos entre las sombras, buscando una luz que nos ilumine cuando lo único que tenemos que hacer es mirar para adentro y descubrir el fuego que nos quema el alma. Y alimentarlo, porque estamos dejando que se apague, inundándolo de miedos, fríos y demás insensateces. Avivemos ese fuego, y veremos a los hombres que nos avisan de que algo anda mal, algo no funciona, algo se pudre. Y nosotros, hombres civilizados, parece que hemos perdido la capacidad de olerlo, de verlo, de sentirlo, de comprenderlo. De vivirlo.

viernes, 14 de marzo de 2008

TRIBUTE TO THE CITY






A modo de homenaje a esta ciudad que me ha acogido todo este tiempo y cuando ya sólo me queda un día aquí y no quiero volver os pongo unas fotos de una ciudad moderna y antigua; limpia y sucia; loca y cuerda a la vez.
Nunca he estado en una ciudad tan bestia como esta. Es una ciudad en movimiento constante, que de verdad nunca duerme. De hecho sospecho que los shanghainitas no duermen más que a ratos en el puesto de trabajo, en esas tiendecillas donde comen, dormitan, juegan a las cartas, ven la tele, se lavan los pies etc... En suma viven, en las calles de la ciudad que nunca para de rodar.
Xie xie Shanghai. Ciudad sobre el mar.

miércoles, 12 de marzo de 2008

SHANGHAI CITY LIMITS



No sabemos a donde nos lleva el futuro, como ese nudo de carreteras que se retuerce sobre si mismo.
Mientras seguiremos tendiendo la ropa en la calle. A fin de cuentas es nuestra.

martes, 11 de marzo de 2008

CYCLING IN THE CITY





La primera foto es de Yuyuan, la arquitectura tradicional no impide que si miráis con atención podáis encontrar un Häagen Dazs. La segunda es un resumen bueno de la ciudad; la torre Jin Mao es el rascacielos más alto de China , de momento, y el cuarto del mundo, el Parking cochambroso es quizá uno de los más guarros de China y casi el más guarro del mundo. La distancia entre lo más moderno y limpio y lo más cochambroso es sólo de unos metros. Me meto por calles donde jamás me metería en ningún sitio menos en China. Aquí no puede pasarte nada, nadie se atreve a meterse con un occidental, la justicia tiene maneras bastante expeditivas.
La ciudad tiene tiendas de Prada y Armani y al mismo tiempo los niños van al colegio con el pañuelo rojo al cuello y en todos los bares de copas hay lo que yo llamo un "guardián de la revolución" que realmente es un inspector de policía, un tipo vestido de gris con un pañuelo rojo en el brazo. Creo que su función es impedir que las cosas se desmanden, pero no lo tengo muy claro.
En esta ciudad ponen los carteles en chino y en inglés pero fuera de los sitios para occidentales nadie habla inglés, eso si los que te quieren vender algo te hablan en cualquier idioma, el castellano es muy popular aquí.
Ayer me compré una sudadera de España (¡!) de la marca Li ning que trata de imitar a Nike, lo bueno es que son imitadores pero con una cierta calidad; y tienen un montón de tiendas propias. Pero la cosa no acaba ahí, hay una marca que se llama Anta que trata de imitar a Li ning y así podríamos llegar al infinito. Todo lo que se pueda copiar se copia y se vende. Bueno de hecho todo se vende, desde cosas de comer que no sabes lo que son y tampoco quieres saberlo a iPods falsos e incluso verdaderos.
Sigo creyendo en el caos. A pesar de todo el desorden y barullo que hay las cosas salen adelante. Y eso es fascinante.
A mi no me preguntéis porqué; podéis llamar a la COPE que el Insultador Jimenez era maoista, igual sabe algo de esto.

domingo, 9 de marzo de 2008

BACK HOME



Mariano, no sufras que cuando la Condesa se libre de ti aquí siempre tendrás un sitio. Los tios con barba aquí todavía triunfan. Esta es la estatua de Marx y Engels en Fuxing Park.
También puedes traerte a tu amigo el Insultador Jimenez porque la Conferencia Episcopal ya le ha montado aquí una sucursal de la COPE; realmente es el China Construction Bank pero da el pego.

Este fin de semana hemos ido a Suzhou (se pronuncia Suyou más o menos) que es una ciudad con muchos canales y lagos. Este "pueblito" tiene cinco millones de habitantes así que imaginad. La ciudad es una horrible ciudad industrial pero tiene unas cuantas zonas antiguas y unos cuantos jardines tradicionales. Si queréis ver una pagoda antigua de verdad en Suzhou hay una en Tiger Hill, debe ser de las pocas que realmente tienen dos mil años. Aquí hay mucho lugar de turismo en plan parque temático China Antigua pero con mucho cartón piedra. Hay otra razón para ir a Suzhou; " El Mesón de Carmen", no tiene pérdida porque en todos los mapas le ponen una bandera española. Podemos decir que nos hemos comido unos huevos estrellados a diez mil kilómetros de Madrid, y unos chuletones también. Si venís por aquí es visita obligada.
Estuvimos también en Tongli que es un pueblo medieval, bueno tiene alguna parte medieval,me gustó especialmente un templo que está en una isla que se llama Luoxing , hay que ir en barco así que es divertido.
La vuelta a Shanghai la hicimos en un tren parecido al antiguo Irún-Algeciras; de los de la época en que había tercera clase. Al menos el trayecto sólo duro una hora.

viernes, 7 de marzo de 2008

WEEKEND


Devuelvo la conexión a Madrid que me voy de fin de semana a Sonzhou , la Venecia de China ¿?
El lunes vuelvo, os dejo con un poco de prosa poética de parte de Lu.

HOY HE VISTO UN CEREZO EN FLOR

Hoy he visto un cerezo en flor. Era por la mañana, bien pronto, el día aun no había amanecido y el sol se resistía a bendecir este mundo y a sus locuras y sus inmundicias y sus alegres poemas. Alrededor mío las almas se encaminaban a sus lugares de trabajo, hombres y mujeres dormidos que sueñan con el viernes, que marchan por el martes como un castigo impuesto, ciegos, sordos; gentes que se empujan por llegar a un lugar al que no quieren llegar, del que saldrán despavoridos y al que volverán mañana, cerrando círculos grises, sin nada que aportar, sólo una hipoteca durante 50 años. Círculos grises que atrapan a todos, al tipo del café con anisete y al del soberano largo, a las mujeres de grandes caderas y a los hombres que viven bajo su sombra, al recién llegado a este mundo y al experto en lo sórdido, al que se alimenta de ellas y a la que sabe que solo con subirse la falda el mundo se pone a sus pies.

Antes de nada, hoy he visto un cerezo en flor, y me he parado a observarlo, y el autobús se ha ido, dejándome solo, sin saber si quería seguir allí, admirando las joyas blancas que decoraban sus ramas o seguir mi día, vestido de ordinariez, de nada, de silencios abarrotados de estupideces; el señor de azul me mira extrañado desde el autobús, él no ha visto el cerezo, por eso sigue sin mas, sin pararse.

Las sombras se apretujan, se insultan, se ignoran, se miran con ojos anegados de odio, de malestar, de un dolor que no saben detectar, solo sufrir, dolerse; las niñas se visten de mujeres y los niños las persiguen con su bólidos puntiagudos, pero ellas siguen recto, sin pararse a mirar a los cerezos en flor que decoran la avenida. Sus flores blancas son invisibles, y los niños atropellan los jardines, acelerando sus flamantes ataúdes, matando al cielo, a las nubes. ¿Cómo van a ver al sol reinando?, ¿cómo van a guardarse los rayos, luminosos, en sus bolsillos y disfrutar de ellos cuando la memoria les flaquee? Las sombras nos apretujamos, nos atacamos en silencio, nadie quiere estar ahí, y todos saben que los responsables de la desdicha es el aire, que te envuelve poco a poco, hasta que dejas de ser niño y juegas con bólidos rojos, amenazantes, que pasan por encima de las flores blancas.

He visto un cerezo en flor, y me ha paralizado el alma, porque durante días, semanas, siglos, parecen siglos interminables, que se aplastan hasta hacerse uno solo, inabarcable, que se te escapa, durante ese tiempo, yo estaba ciego. Mis ojos veían los libros que leían, veían a las mujeres que se contoneaban a mi alrededor, llenando mi estomago de dolores, de presiones, de gozos inventados, miraba asientos vacíos donde rendirme, miraba autobuses que nos trasportaban a nuestros cubiles, pero, ay, mi alma no veía al cerezo en flor, pasaba de largo, junto a los otros cuerpos uniformados para la nada, para la gloria, ciegos, malditos ciegos, que nos vemos las flores, ni los versos del cielo, vemos ojos que nos imploran una pista, por favor señor, por donde esta la salida, y tu les miras, y les entiendes, porque tus ojos gritan los mismos gritos, porque tampoco sabes por donde se marcharon las fuerzas, las ganas de que mañana sea miércoles y no viernes, no hay nada que decir. Tal vez una sonrisa, perdida en los mares de la pena, de la abulia. Ciegos, los días, sus luces monótonas, sus brillos llenos de oropel y falsas visiones no nos dejan ver nada, solo a los pechos de la señorita de enfrente, sueños perdidos, miserias que no llevan mas que a lo miserable, o el Marca, mas mentiras, mas idioteces, o, simplemente, dejar que los ojos se pierdan en los suelos, cabizbajos, porque mañana es miércoles, y el viernes no llega, jamás llega.

Hoy he visto un cerezo en flor, y entonces, y solo entonces, he dejado de espiar las esquinas de las rubias, de buscar la verdad en libros de otros y me he parado frente al cerezo. Los dos en silencio, sin nada que decirnos, solamente contemplándonos, yo con admiración, lleno de sorpresa, vació de lo gris; y él, maravilloso cerezo en flor, me chillaba que corriera, que el tren se iba, que no esperaba a nadie y yo me alejaba, estupido de mi, en la dirección equivocada.

jueves, 6 de marzo de 2008

MY POOR LITTLE GIRL




He encontrado a la niña de Mariano, se llama Hello Kitty y como podéis ver está por todas partes. Me parece que es japonesa así que aquí es una inmigrante bien acogida; no le han hecho firmar ningún contrato de aceptación de costumbres, ella es costumbre.
Anoche para nuestra desgracia, estuvimos en un partido de fútbol. El grupo de españoles que sabe como comportarse en un partido de fútbol (como no) se dedicó a animar a China y a hacer la ola; también a gritar "Yankees go home" cosa que los usamericanos que teníamos un poco más arriba no tomaron con mucho humor. El partido fue un coñazo y hacía frío pero hicimos amigos entre los chinos, a base de gritar "Chonguo" que es una aproximación fonética a como se dice China en chino (probad en la tienda de al lado de casa, ya veréis) ellos acabaron gritando "Shinbanya" que es España y bailando la conga. El resto de los chinos animaban a Beckham y cuando le cambiaron, empezaron a irse. Al final Los Angeles Galaxy ganaron tres a cero y dos goles los metió un tal Ruiz que me imagino que descendiente de los del Mayflower no es.
Hoy he ido en bicicleta por la ciudad, tampoco es para tanto, sólo hay que ser un poco agresivo y meter codo en los semáforos y estar un poco atento para esquivar a todo lo que se cruza. Lo malo es que se me ha caído el pedal, y menos mal que me he dado cuenta que si no lo pierdo.
Veo que os llama la atención lo de escupir. Es sencillo, esta ciudad tiene una permanente neblina que no es causada por la humedad no nada parecido, es contaminación. Los pulmones aquí aguantan a base de segregar flema. Es más o menos el modelo que quiere para Madrid la Filósofa Frutal (o Brutal según se mire) y parece que lo va consiguiendo, aquí tiene un espejo donde mirarse.

miércoles, 5 de marzo de 2008

WATCH, SHOES...



Te das cuenta de que algo ha alcanzado gloria en el mundo entero cuando los chinos te clonan. Aquí por supuesto hay un Zara, y todas las demás marcas que podáis recordar. Pero también hay un Tara, daos cuenta de que el tipo de letra es igual, menos mal que no conocen las tildes que sino igual lo hubieran llamado Tará, y yo me hubiera ahogado de la risa. De todas formas ya me han ofrecido de todo por la calle, además de bolsos, relojes y zapatillas de deporte, me han ofrecido masajes, ropa e incluso una señorita o señorito, eso nunca lo sabré, que decía ser malaya/o se ofrecía a si misma/o mientras un vejete que iba detrás la iba animando a que fuera más efusiva; su excusa o coartada era que iban a un centro comercial ¿? y se habían perdido y supuestamente yo debía ayudarles a encontrarlo... sin comentarios.
La otra foto no la puedo explicar, es un elefante con una aleta de tiburón, un cuerno y subido en un caracol del pleistoceno. Está en la entrada de un edificio de oficinas.
Las cervezas aquí tienen 610 mililitros, de donde sale esta medida no es algo que tampoco pueda explicar pero me voy a tomar una antes de ver a Beckham, la voy a necesitar.

martes, 4 de marzo de 2008

A MAN WITH NO NAME



Esto es una tienda de colchones, no os vayáis a creer, en Jiangning Lu.

Estar en una ciudad en la que no entiendes nada es raro pero a la vez divertido. Lo más incomprensible es la circulación. Cuando una ciudad de doce millones de habitantes se mueve, se mueve mucho. Ya he aprendido que en un semáforo los que giran a la izquierda no tienen obligación de pararse; los otros tampoco. Eso si hay unos policias, más bien agentes de movilidad, que nunca le echarán la bronca a uno que se salta un semáforo pero si estés esperando para cruzar y sacas un pie te pegan unos gritos de aúpa.
Las aceras tampoco son para los peatones. Por las aceras puede circular cualquier cosa.
Vamos que corres el riesgo de ser atropellado por cualquier vehículo o persona en cualquier momento. Os hago u resumen de los vehículos que os pueden atropellar; están las bicis,los coches, las motos, que son muy peligrosas porque son eléctricas y no suenan ,y por último las bicis-camión. Os prometo que os conseguiré una foto de una bici camión a plena carga, vale la pena verlas.
Visto lo visto, al segundo día ya estás jugandote la vida cruzando cuando te da la gana y si ves un hueco. A pesar de todo sólo he visto un atropello de una moto eléctrica a una señora y un choque entre una bicicleta y una moto, y no ha habido victimas.
Mañana voy a ver un partido de fútbol de Los Angeles Galaxy. Si, Beckham, efectivamente.

domingo, 2 de marzo de 2008

TELETRANSPORTE




Scotty era un tio cojonudo. Cada vez estoy más convencido. Cuando el Capitán Kirk le decía teletransportanos, Scotty les teletransportaba y no tenían que llevar maletas, ni hacer tránsitos, ni nada. Un segundo y hala, allí estaban.
Mi vuelo desde Helsinki a Shanghai se retrasó cinco horas, el tren de aterrizaje perdía aceite,vaya usted a saber porqué. Y cinco horas dan para mucho, los fineses y los rusos entretienen la espera comprando alcohol en el Duty Free y bebiéndoselo a morro en los sillones del aeropuerto; unos rusos que luego vinieron a Shanghai en mi vuelo, tres mujeres y un hombre ,dieron cuenta en ese rato de una botella de "Jim Beam" y una de "Old Nº 7", supongo que por variar.
En los aviones no se duerme bien. Igual si mides un metro veinte lo consigues, pero con un poco más de estatura resulta muy difícil. La mejor película que ponen en el avión es siempre el programa informático que te muestra por donde vas y cuanto queda, a que altura vuelas y todo eso; a mi me gusta mucho la indicación de temperatura exterior, menos cincuenta y dos grados, por si quieres salir a dar una vuelta fuera que salgas abrigado. Por muchos canales de televisión que te pongan y muchas películas que puedas escoger todos vuelven a la pantalla del plan de ruta.
Mañana o pasado os contaré como se siente uno cuando su nombre es una marca registrada y como es un lugar donde no hay derecha ni izquierda, y no estoy hablando de política.