viernes, 29 de febrero de 2008

UNA MAÑANA ASI, SIN MÁS

Una tía leyendo un libro de mas de mil paginas, un autobús atascado en un atasco, un cielo azul oscuro, un coche que derrapa perseguido por un coche de la policía que aúlla, los aullidos del coche que persigue a los kunderos, dos pollas, una niña soñando con coños, un coño soñando con pollas; la misma niña de antes, jugando con las muñecas, totalmente asexuadas; un tío leyendo el Marca, el de al lado ojeando los resultados, los obreros, bebiendo anisetes y cafés sin puro pero si con Fortuna, el tren, lleno de viajeros que viajan para trabajar y no para viajar, el niño preguntándole a la madre si queda mucho, el padre diciéndole a sus hijos adonde van y de donde vienen, aunque este perdido, pero aun es pronto para eso. No hijo, no queda mucho; y el Madrid, ¿Qué? Otra vez campeón….me gustaría tener una novia, y el jefe es un cabrón. Coches ciegos que no paran de chillar, conductores afónicos de tanto conducir, el autobús que no se mueve en el atasco, radios que insultan, radios que no dicen nada, radios que solo saben cantar y otras que no saben hablar, televisiones ocultas en las mentes, cerebros en las tazas de café; el mió con leche, yo descafeinado, y a mi además una barrita con aceite. El cielo que se encapota, las nubes que vienen a salvarnos, a decirnos que chillemos, que nos liberemos, que ahí delante no hay mas que años, y mas años, de idiocia, nubes blancas, cielos negros, árboles raquíticos. Culos pizpiretos que me alegran la mañana, culos demoledores que enturbian la mirada, culos prietos que no saben decir “hola” y otros que te están vociferando “adiós”, paquetes perdidos para mis ojos, pero que ellas (y ellos) sueñan con amar, chupar, poseer, olvidar. Mujeres que van, mujeres que se fueron, todas con libros grandes, muy grandes, ¿Por qué todas leen libros tan voluminosos? Los libros cortos no valen, porque se acaban antes de que llegue mi parada. Y yo miro esos libros y pienso que tienen que ser buenos, porque si no, porque los leen. Pero el metro sigue y ellas miran hacia sus libros y se olvidan de mi; ojala yo me pudiera olvidar de ellas. Cielos azules, limpios, y aun así negro como el carbón. Coches abarrotados de gente abarrotada, coches solitarios sin nadie dentro, solo uno que va solo, siempre solo. No me gusta ir solo, pero nadie quiere ir conmigo, lee este libro es bueno, y muy muy gordo. Pollas gordas en paquetes enormes, niños que juegan con los paquetes de sus vecinos, vecinos que quieren tocar a la niña, pero la niña solo quiere Nancys, vestiditas de rosa y con su canesú. No pienses, escribe, solo escribe. Colas de personas que soñaron otra vida, que pensaron que tal vez las pesadillas se alejarían, intentan olvidar que aquello no es, que esto no es, que, en general, nada es como debería ser. Y recuerdan que su mujer ayer les quiso, que su marido ayer les amo, que el tío bueno les dijo algo bonito y , entonces, ilusionados con sus ilusiones, sueñan que tal vez, solo tal vez, hoy sea un buen día. Coches, gentes, peatones, caballos, perros, gatos, tontos, estúpidos, saltar, correr, chillar, gritar, follar, amar, leer, escuchar, pensar. Todo en un solo párrafo, que acabara como acabaran todos y se olvidaran, como se olvidan todos mis párrafos. Son malos, sin sentido, como esta mañana, que nada parece entender, que solo gimotea, y tus sueños, donde acabaron tus sueños.
Coños cerrados a cal y canto, pechos amargados, tristes, tapados por los miedos y por mis miradas sucias, coños aterciopelados que nunca vieron el terciopelo, coños lanudos y coños rasurados, me los imagino todo y para todos hay un sitio en mi locura, señoritas bondadosas con grandes escotes, que se agachan y entonces, en ese momento, el tío del Marca deja de mirar el Marca y, por fin, comprende que la verdad no esta en la paginas del Marca, sino en el escote de esa señora y que, mas allá, en su coño, esta la felicidad, el odio, el rencor, la molicie, la muerte y la vida. Sujetadores pálidos, pomposos, pijoteros, peludos, de petimetres, colorados y amarillos, me gustan los estampados. Ellas, ellos, nosotros y vosotros, acomodados sobre los codos del vecino, VAMOS, VENIMOS, una Mañana mas, así, sin más.