viernes, 14 de noviembre de 2008

IT'S UP TO YOU





Nada mejor que en una mañana en Bangkok, entre el templo del buda esmeralda y el Grand Palace, haya un cartel que te indica todo lo que necesitas para seguir el camino turístico; bebidas, los baños, algún recuerdo que comprar y, el adivino. Mucho más tranquilo, sabiendo que en cualquier momento podía consultar a los astros enfile hacia el Buda Recostado y después nos dejamos llevar por un taxista con el que habíamos concertado el transporte de los dos días en Bangkok. Este taxista tenía un nombre irreproducible, pero insistió en que le llamaramos Lan; aunque para nosotros fue y será siempre Klander. Estaba empeñado en llevarnos a un “ping-pong show” y se quedó un poco decepcionado cuando al final no fuimos. A cambio vivimos una tormenta dentro de la casa de Jim Thompson (six houses, six rooms) y dimos un paseo por el Night Bazaar cerca de Lumpini Park.

Bangkok, la ciudad de los atascos permanentes. Tailandia la tierra de las sonrisas.

La mentira maniquea nos ofrece un país de prostitutas adolescentes; espectáculos pornográficos y despedidas de soltero Yankees. La realidad nos ofrece un país amable, donde la gente realmente sonríe cuando te saluda, un país donde se come muy bien y donde vivir parece muy agradable.

Sólo en Bangkok, y según dicen en Phuket puedes ver la supuesta industria del vicio con la que siempre asocian al país.

Yo lo que ví fueron muchos templos; un gran fervor budista y un fervor aún mayor por la familia real, a la que se eleva a la categoría de dioses.

Y después de volar a Chiang Mai subimos en un elefante. Yo sólo había visto elefantes en el zoo y en Cabárceno y he acabado subiendo en el lomo de uno; bueno de una elefanta de veinte años llamada Yuri. El cuidador cantaba el “Aserejé” y la canción rumana que se hizo más conocida como “Marica tú, marica yo” gracias a los Morancos. La escena parecía salida de un sueño alucinógeno: la lluvia, los elefantes, el “Aserejé” y la selva.

Y para rematar los poblados de los Mo o pobladores de la Montaña. Son grupos procedentes del sur de China que viven en cabañas se dedican a la agricultura. Antes plantaban opio pero según nos dijeron el gobierno está intentando que se dediquen a cultivos menos “relajantes”.

Y del agreste norte directos al sur. A las playas de Samui. Nada que hacer, sólo contemplar el mar; comer Phad Thai y Red Snnaper, beber Chang Large y Cuba Libres en el Eagle; a medio camino entre chiringuito y rock-bar y cuyo dueño estuvo tocando los tambores en un festival de música en Mallorca según nos contó.

Y en la playa, en pleno trópico, nunca había más de veinte personas. Y era un playa de un kilometro, de arena blanca y agua transparente. Un lugar donde podría vivir.

Y de vuelta a casa, una frase retumbaba en mi cabeza. La que gritaba el conductor de un tuk-tuk en Chiang Mai cuando le preguntamos el precio de la carrera: “It’s up to you!”



martes, 15 de julio de 2008

PACHINKO & SLOT




En Japón está prohibido fumar en la calle. Sólo puedes parar en un punto de fumadores como ese que se ve en las fotos donde hay un cenicero y unos cuantos sujetos echandose un pitillo. Lo curioso es que el punto de fumadores está tan al aire libre como el resto de la calle; y más curioso aún resulta que en cambio se puede fumar en todos los locales cerrados; en bares, restaurantes o cafeterías se puede fumar sin problema.
La primera impresión que uno tiene al llegar es que todo está perfectamente ordenado, todos son muy amables y correctos, todo funciona al milímetro. Pero poco a poco uno va viendo una cara de la moneda que no es la de la disciplina y la perfección sino la de los Pachinkos, el porno manga, las colegialas que al final te hacen dudar si son de verdad o personajes de tebeo, los kimonos con calaveras y los grupos de punk y hardcore.
Cada una de las pequeñas calles de cualquier ciudad ofrece un montón de pequeños detalles de ese mundo perverso escondido tras el orden y la tecnología.
¿Y los pachinkos?. Es concebible que un tipo con traje y corbata salga de su trabajo a las once de la mañana y se largue a una sala de maquinas recreativas a echar unas partidas; en Japón si, y además están llenas a cualquier hora.
Otra peculiaridad regional es lo que podriamos llamar el agradecimiento eterno. Cuando te vas de un restaurante o de una tienda tú, educado, das las gracias, el que atiende el local te da las gracias e inclina la cabeza, a ti te da por inclinar la cabeza también y el te da las gracias más, y tú no vas a ser menos, y así entras en un bucle que te puede llevar a no poder salir del local y, a base de "Arigato Daimas" quedar atrapado. Así que cuidado con los agradecimientos; como ejemplo, un chico que atendía un Family Mart, una tienda de esas de 24 horas, daba tales cabezazos que temimos que se dislocara alguna vertebra.
Y así entre cabezazos y pachinkos pasamos la semana y vuelta al caos de Shanghai. Ese caos tan familiar que a mi personalmente me encanta.
Y a los pocos días, triste, tengo que volver a Madrid y decidido a hacer caso a los "hintelectuales" y consciente del peligro que nos acecha, me decido a estudiar chino. Además ahora ya tengo nombre chino; aunque esa es otra historia.
También me entero de que ha muerto Sergio Algora y sólo puedo decir que a mi siempre me ha gustado más que desayunar olerte, olerte sin nariz.

jueves, 5 de junio de 2008

FIRME USTED AQUÍ



Ella era la primera de la cola en el banco esta mañana. Había llegado diez minutos antes de que abrieran para solucionar el asunto cuanto antes; era lo último que le quedaba por solucionar, después podría respirar tranquila.

“Quiero que me hagas un cheque, bueno, quiero sacar todo el dinero, vamos, lo que realmente quiero es cancelar la cuenta”.

El cajero anestesiado todavía a primera hora de la mañana consultó la pantalla de su ordenador con movimientos pausados y después dijo:

“La cuenta es de titularidad conjunta; para cancelarla necesito la firma de los dos”.

Ella nerviosa replicó:

“Y no podría enviar luego él su firma por fax”

“Me temo que eso no se puede hacer”.

El cajero se detuvo a pensar alguna alternativa; después de todo la mujer era una de las clientas más antiguas del banco. Entre los pliegues de la somnolencia encontró una solución.

“Si quiere llévese el impreso de cancelación y me lo trae luego firmado. Entonces cerraremos la cuenta”.

La mujer tomo el papel que el cajero le tendía y soltó un “gracias” entre dientes. Estaba enfadada.

De vuelta a casa no dejaba de repetirse a si misma “Podrías haberlo pensado antes de descuartizarle” mientras trataba de que una mano inerte armada con un bolígrafo firmara el dichoso documento de cancelación.

sábado, 26 de abril de 2008

SECUNDINO: UN HOMBRE NORMAL



Desde el despacho de Secundino las vistas son maravillosas, relajantes, sin edificios alrededor; se pueden contemplar los espacios abiertos de uno de los mayores parques de la ciudad, coronado por un cielo refulgente, enorme e inabarcable; además, el sol entra a raudales, iluminándolo todo con una luz soberbia, llena de vida, capaz de alegrar el corazón más triste, de infundir ánimo al alma mas deprimida. En los quince años que Secundino lleva ocupando ese despacho, jamás ha mirado por la ventana. El primer día, colocó su mesa de tal forma que las vistas no le impidieran cumplir con sus deberes laborales; luego, llamo a los chicos de mantenimiento y les encargó unas cortinas que lo cegaran todo

Desde el principio, Secundino se mostró como un contable excepcional, famoso por su celo profesional y su estricto sentido de la moral; a tal punto llega su encumbramiento que cada primavera se concentran ante la puerta de su despacho las fuerzas vivas de la empresa, desde el administrativo menos trascendente hasta el jefe de zona más poderoso, todos ellos con el sobre de la declaración de la renta bajo el brazo, buscando que el genio de los números les revise su vida. Y, a ser posible, se la mejore.

De toda esa gente que pasa por su puerta, nadie, en todo ese tiempo, se atrevió a invitarle a una comida o a un cumpleaños, o a cualquier otra actividad fuera del mundo laboral. Pronto les quedó claro que esa era una idea inútil, pues Secundino jamás dejó que la familiaridad pudiera acabar en semejante dislate, manteniendo una distancia higiénica con todo aquel que se le acercara.

Secundino se considera un hombre de Dios, a pesar de ello, evita poner su fuerza de voluntad a prueba, protegiéndose de cualquier aberración social, pues las tentaciones son muchas y él jamás se consideró un héroe, sino un pobre seguidor de la fe cristiana. Nunca se sabe donde puede estar la perdición, por donde puede asomar la bicha.

Secundino vive con su madre; señora de orden, convertida en viuda del ejército a los tres meses de su boda como consecuencia de un escarceo entre una bandera de la Legión y los dueños de una casa de lenocinio en Ceuta, la pobre mujer nunca olvidó a su marido; el buen hombre, Capitán de artillería, dejó a su mujer como herencia una casita de dos plantas en un buen barrio de la ciudad, así como una cruz al mérito militar por muerte en acto de servicio; condecoración acompañada por una pensión de viudedad lo suficientemente amplia como para otorgarle una soledad relajada, y sin preocupaciones pecuniarias.

Mientras Dios no decida lo contrario y la lleve consigo, la señora ocupa su tiempo en cuidar a su retoño, que la llena de orgullo y satisfacción, y en no permitir que el tiempo se lleve consigo la memoria de su marido; la buena mujer ha reducido su vida social a recibir los martes a otras viudas de guerra, con las que comparte penas entre té y té, y a la visita a la casa del señor los domingos, acompañada de su hijo, claro está, donde ambos ponen al corriente al pater de sus pecadillos mundanos y cumplen con sus otras obligaciones para con el Señor.

Queda claro, pues, que la vida de Secundino transcurre apaciblemente, sin disturbios ni alteraciones profundas, entre sus obligaciones laborales y su ordenada vida casera, vida compartida con su madre. Madruga a las seis de la mañana, tras tomar un desayuno que podríamos llamar somero, Secundino sale de casa y coge el tranvía, que le deja frente a su lugar de trabajo justo para fichar a las siete de la mañana; a las catorce horas deja sus cuentas y se encamina a su casa a comer, cogiendo el mismo tranvía; que le deja a las catorce veinte en la parada que esta a unos diez metros de su casa. La misma operación se repite tras terminar su comida, que su madre le tiene preparada a la hora exacta en que él entra por la puerta. Todas estas entradas y salidas llevan años repitiéndose sin ninguna variación, con una similitud imperturbable. Así es la vida de este hombre comprometido con la memoria de su padre, el amor a su madre y los principios que Dios nos dictó a todos los hombres de bien. Dispuesto a dar su vida por estos tres principios, lo que él no lo sabe todavía, es que se acercan momentos en los que Dios comprobará si su rectitud le permite formar parte de esos que algunos llaman, “hombres buenos”. Dios prueba a los suyos, y nadie esta a salvo de la voluntad del Señor.

Hoy, miércoles dieciséis de abril, hace un día extraordinario, el sol reluce y trasmite su fuerza a cada individuo, animal u objeto con el que se topa; todo reluce y las gentes parecen contagiarse de esa fuerza, de esa alegría; las calles están llenas de personas sonrientes, deseosas de recibir esa energía extra que les proporciona el astro rey. Y luego esta Secundino, con su traje negro, su corbata del mismo color y su camisa blanca y almidonada, quejándose del calor, sudando copiosamente y sufriendo un precolapso cada cinco segundos; todo ello debido a que con su uniforme, así lo llamamos pues es lo que viste todos los días desde hace años, el cuerpo no traspira y se acogota; además, el cuello de la camisa le oprime tanto que impide al aire fluir, concentrándose en su pecho, agarrotándolo.

Invadido por el mal humor por haber tenido que abandonar su puesto de trabajo antes de tiempo, un incidente informático le habían dicho, no ve en ese sol una fuerza que disfrutar, sino un enemigo más que superar, una adversidad más que vencer.

Así que ahí va Secundino, con el horario perturbado, con el cuerpo extrañado, camino de la parada del tranvía, rodeado de gentes sonrientes con un helado en la mano, o de parejas relajadas en un banco compartiendo la luz del día, mientras él no encuentra motivos para disfrutar de todo aquello.

Creía que la cosa no podía ser peor, pero el destino, y quien lo maneja, le tenían preparadas varias sorpresas para el día de hoy. Y la siguiente tampoco es agradable. Al acercarse a la parada del tranvía comprueba que esta se ve invadida por una turba de jóvenes, procedentes del instituto que hay frente a sus oficinas, jugando chillando saltando riendo, jóvenes que no paran de decirse procacidades, y todo ello vestidos como si aquello fuera una fiesta pre-nudista. Normalmente no hay porque aguantar a estos salvajes, pues, a su hora “normal”, estos ya han desaparecido, pero hoy campean frente a sus hoscas narices, lo cual aumenta la perturbación de Secundino que se detiene y mira su reloj. Incomodo, su contacto con el resto de los seres humanos, sin contar a su madre, siempre ha estado prefijado por jerarquías que todo el mundo daba por hecho, que nadie se cuestionaba; pero aquellos seres escapaban a cualquier control. Aun queda media hora para las catorce horas y el sofocante calor le castiga, aumentando sus calores corporales a niveles muy conflictivos; así que Secundino decide encaminar sus pasos hacia el hogar, aunque tenga que compartir espacio con aquella turba de chicos y chicas asilvestrados.

Cuando llega el tranvía, Secundino sube el primero y se coloca en una esquina; pretende el buen señor escapar del contacto con los estudiantes. Poco a poco el espacio se va limitando, los viajeros no dejan de subir, y de subir, como si fuera el último tranvía de su vida. Secundino ve, desde su rincón, como le empiezan a rodear cuerpos jóvenes, lustrosos, que no hacen más que acercarse. No le gusta aquello, su cuerpo experimenta variaciones desagradables, incontroladas; el sudor le resbala por su espalda hasta encharcarle la rabadilla, otorgándole unas sensaciones desconocidas e inquietantes; no es que le guste, debería repugnarle, claro esta, pero no puede asegurarlo, duda, pues aquello es nuevo. El acertijo habrá de llegar a su punto culminante al iniciar el tranvía el viaje. Nunca se vio un espacio tan bien aprovechado, todos esos cuerpos apretados, compartiendo lo que no debería ser posible compartir. En ese momento, Secundino esta viviendo una experiencia terrorífica. Contra él se agolpan varias señoritas que no paran de reír entre ellas, juegan y charlotean de forma animada, soltándose de las barras y comprobando como en aquella turba es imposible caerse; sus cuerpos rozan a Secundino, que siente como el calor de su cuerpo aumenta de forma desconsiderada, empujándolo hacia atrás, golpeándole, perdón, señor, una y otra vez. La más cercana, una morenita que viste desvergonzadamente, ha colocado, Secundino espera que sea sin querer, aunque no lo podría confirmar, sus nalgas muy cerca de la entrepierna de Secundino, que es aplastada cada vez que las chiquillas tontean y se ríen. El calor del cuerpo del contable es abrumador, su cara se ha encendido y las manos se agarran a los apoyos de forma violenta. Aquellas carnes prietas están llevándole a la locura, suda nuestro héroe, viviendo momentos jamás vividos, y se le enciende el alma. Cuando la respiración se empieza a entrecortar, Secundino busca refugio en sus oraciones, y reza mientras se ahoga, pues el aire ha dejado de entrar en sus pulmones; así que empieza a resoplar, su cara se enciende como una tormenta, y los ojos vuelan a lugares cerrados para los demás mortales, buscando aire, buscando una salida, buscando el camino del señor. Y entonces, y justo entonces, cuando su cerebro empezaba a llevarle a espacios ocultos para sus sensaciones, cuando sus neuronas se centraban en aquello que experimentaban por primera vez en su vida, justo entonces, el tranvía frena en seco. Y la morenita, que estaba comprobando una vez mas como era imposible caerse, y que aquello no era peligroso, se le vino encima, golpeando con sus nalgas en las partes pudendas con cierta violencia, no excesiva, incluso se podría decir que de forma sugestiva; tras las nalgas, vino el cuerpo joven y sugestivo, y todo ello se abalanzo sobre el hombre de negro, acalorado y maldito hombre de negro.

Secundino no tenia manos para sujetar a la jovenzuela que se disculpaba, perdón, señor, mientras sus amigas les miraban riéndose, coquetas ellas, pues aquel señor había tocado, claramente, a su amiga. Viejo verde. No soltaba el viejo verde a la jovencita, pues la turba hacia fuerza, comprimiéndole cada vez más, forzándole a llegar adonde jamás quiso llegar y haciendo que todo aquello empeorara, hasta que, segundos después, la cosa se fue como vino, entre resoplidos y calores, entre dolores de alma que quemaban como si estuviera en el infierno; todo parecía haber terminado, su cuerpo respondía de nuevo a sus ordenes, seguía acalorado aunque, extrañamente, sentía cierto descanso, cierto relax que empezaba a llenar sus articulaciones. Asustado de todo aquello, que empezaba a complacerle, decidió que hasta ahí había llegado

Entonces, movido por una furia salida de las entrañas, de lo mas profundo de su estomago, ha empezado a empujar todos los cuerpos que se encuentra a su paso, moviendo energías que no había conocido hasta entonces, buscando un solo objetivo. Quiere salir de aquel tranvía, instrumento del diablo, del mal.

Salta del mismo, golpeándose las rodillas al caer, arañándose la cara del golpetazo. Todo es dolor en su cuerpo, todo es energía perdida. Perdón, señor, perdón. Gritaba su alma. Azorado, se echa sobre un banco y se lleva las manos a la cabeza. Perdón, señor, chillan sus culpas; perdón señor, gritan sus pantalones, oh señor, exclaman sus manos, sus piernas, su boca, seca y húmeda, nerviosa y descansada como nunca.

Lentamente, Secundino alza la cabeza, sorprendiéndose del primer regalo que Dios le ha concedido en todo el día. Enfrente estaba su casa, su paraiso, su escondite para el resto de su vida. La culpa ha iniciado su trabajo y ahora Secundino ya no siente sino vergüenza; vuelve la cara, mientras cruza la calle, comprobando que nadie le ha observado, que nadie le mira. Esta convencido que sus pecados se pueden leer en su cara, que está es el espejo donde se muestra el mal que le carcome el corazón. Todo el que le mire sabrá de sus traiciones divinas. Acelera el paso, llega hasta la entrada de la casita, abre la puerta y, sorprendentemente, no se detiene, como hace siempre desde hace años, ante el retrato de su padre que gobierna el hall, sino que pasa de largo llegando al salón. Donde se encuentra a su madre conversando con una joven

-Secundino, cariño, que sorpresa. Mira, que bien, así puedo presentarte a María. Veras, cariño, es hija de Onofre, el ayudante de tu padre, y viene a quedarse con nosotros un tiempo, para echarnos una mano.

Secundino mira a las dos mujeres y se pregunta, aterrado, que mas sorpresas tendrá el señor para comprobar su debilidad, que mas puede sucederle. Que será de él, nos preguntamos, que será del pobre Secundino y de sus pruebas divinas.

martes, 22 de abril de 2008

P'ALANTE


He estado una semana aquí. No en el Palacio del Pelo tratando mis problemas de alopecia, sino en el lugar donde se encuentra este Palacio tan completo.
Esto es Higüey y los autóctonos pronuncian su nombre aspirando la hache.
Mi idea original era haber hecho una crónica diaria pero cuando llegué a la República y pregunté en el hotel por la zona Wifi, el recepcionista me contestó en tono de pregunta que de qué restaurante hablaba. Así que la crónica no ha podido ser diaria.
Sólo voy a hablar de dos personas; el nombre de ambas empieza por R y quizá no sean un ejemplo de lo que vi, o quizá si.
Mi primera R es un hombre joven, de unos treinta años que paseaba por el hotel y la playa intentando convencer a los turistas de que acudieran a la discoteca que le comisionaba. Hacía bien su trabajo porque conseguía enganchar a gente casi todas las noches. Allí fuimos nosotros a esa discoteca donde te cacheaban a la entrada y te pasaban el detector de metales. Dentro había prostitutas para ellos y para ellas los chicos autóctonos. Resultaba sorprendente ver que rápidamente conseguían los chicos magrear a las turistas; la mayoria de ellas no pasaba de los veinticinco y por supuesto llevarselas al hotel a practicar el deporte nacional: follar. Allí R nos escoltaba y protegía y hablando con él me contó que era sargento de policía, eso no le impedía ofrecernos droga y chicas, siempre que él controlará la operación. También me contó que tiene una hija en España de catorce años y que se esnifa un gramo de coca al día. R tenía un cierto aire infantil contando estas cosas, pero conociendo el país y la realidad en la que vive no creo que nada en su vida sea un juego de niños. De todas formas con nosotros su trato fue amable y exquisito además de muy cordial.
El segundo R es el mejor humorista que he visto en mucho tiempo. Es camarero pero está estudiando porque una señora puertorriqueña le paga la carrera y le ha comprado una moto. La puertorriqueña no lo sabe pero el tiene tres novias más; según dice es cuestión de organizarse. También quería llevarnos a una discoteca y estaba dispuesto a organizarnos coartadas si estabamos casados: "yo os doy unas camisetas y unos pins y decís que habéis estado de compras". Imaginad a un camarero alto con permanente gesto burlón que a mi por pedir una cerveza me dijo: "Tu eré un alcohólico" y que es el que acuño la frase de la semana, sin duda: "Yo soy malo, pero tú eré peor".
Sólo son dos pequeñas historias de una isla enloquecida al otro lado del Atlántico. Lo demás es playa y pulseras de todo incluido.

jueves, 10 de abril de 2008

ESCENA DE CALLE Nº 3


En un barrio de una gran ciudad, había un banco.
En ese banco dejaba pasar sus días un hombre; un vagabundo, que sin prestar atención al frío o al calor había hecho de ese banco su hogar permanente.
El alcalde de la gran ciudad veía al vagabundo en su banco todos los días puesto que vivía en aquel barrio, muy cerca de allí.
El alcalde pensaba que su ciudad estaba por encima de todas y que él sería recordado como el mejor alcalde de la mejor ciudad del mundo.
Todas las mañanas al pasar por el banco de la calle pensaba que el vagabundo afeaba su ciudad. Pensaba que una ciudad moderna no podía permitir que hubiera gente viviendo en la calle.
Así que un día ordenó que se ocuparan del vagabundo. Y esa noche unos hombres vestidos de negro se lo llevaron.
Pero el alcalde no quedó contento. Todas las mañanas miraba el banco con pena porque le parecía demasiado vacío ahora que el vagabundo no estaba.
Y así, un día el alcalde ordenó que quitaran el banco.

miércoles, 2 de abril de 2008

UN POCO MÁS DE PUBLICIDAD



Los chinos creen que los gatos dan suerte.
Este es mi gato chino de la suerte; no le he puesto nombre pero, en teoría, al tenerlo en casa así, dorado y sonriente y moviendo constantemente la pata izquierda traerá a la casa suerte y dinero. A mí, mi gato me hace mucha gracia, aunque no traiga dinero.
Para los que estáis interesados en los gatos; chinos o de cualquier lugar, hay una asociación y una página web que se ocupa de los gatos. Adopciones, salvamentos, dudas, preguntas etcétera. Se llama Asociación Gata y su página es www.gataweb.com .
He puesto un enlace ahí al lado, a la derecha o a la izquierda, según estéis dentro o fuera de la pantalla . Es el enlace que se llama Gatos de Buen Rollo. Me ha parecido adecuado el nombre.

lunes, 31 de marzo de 2008

ESCENA DE CALLE Nº 2



En la calle la gente caminaba hablando a través de sus teléfonos móviles; o quizá portátiles. Cada vez más palabras eran lanzadas al aire sin control.

Y ocurrió un día, y yo lo vi. Dos personas se cruzaron en plena calle y dos de sus palabras quedaron enredadas. Las palabras fueron madre y mañana. Supongo que por afinidad de “ma”.

Lo que yo vi fue sólo el principio. Al cabo de poco tiempo las palabras enredadas formaban hilos que surcaban las calles de la ciudad a lo largo de las aceras. “¡Qué espectáculo!” decía la gente y disfrutaban todos de las bonitas cadenas de palabras.

Más tarde empezaron a enredarse entre ellas palabras de idiomas distintos y los hilos se hicieron ovillos y cubrieron la ciudad y todas las ciudades, y todos los lugares del mundo acabaron envueltos en una tela de araña de palabras.

Convocaron a los más grandes científicos e ingenieros de telecomunicaciones para que encontraran un remedio a la situación.

No lo lograron.

jueves, 27 de marzo de 2008

ESCENA DE CALLE Nº1


Ella se dio la vuelta y se alejó.

Él quedó clavado en aquella calle, viendo como se hacía pequeña

Mientras ,su corazón licuándose ya se había deslizado por la pierna y se filtraba en la acera.

La acera se abría a sus pies y cuando ella ya sólo era un punto al final de la calle, él ya sabía que lo único que le quedaba era el abismo que tenía debajo.

Y encima había vuelto a hacer frio.

jueves, 20 de marzo de 2008

LO PROMETIDO ES DEUDA


Lucinda tiene amigos. Y Pedro y Candela son amigos de Lucinda, así que les hemos invitado a que vengan al blog para que les conozcáis. Esto lo escribe Pedro y lo inspira Candela. Gracias a los dos.

Y lo prometido es deuda.

Deuda por que la impongo, prometido por promesa insatisfecha.

Quisiera hablar de Candela de tal manera que pudierais empatizar con ella, pero no me doy cuenta de que ya lo habéis hecho sin haberla conocido. No es necesario llegar a ello porque, sin más, sólo por haber nacido ya es conocida. La descubriréis por su nombre, por su encanto y sus delicias. Su pelo rubio me encandila, pero, sin duda, su sonrisa y su mirada son las llamas más divertidas. Aquí me detengo, aunque me cueste, porque duele la alegría.

Hoy es el día del padre, es el día del padre, es el día del padre… lo oigo, lo escucho, me lo digo y no veo una imagen definida. Pero tiene mucho sentido.

¡Esto tengo que decirlo! Hoy me hizo un dibujito de mucho carácter para tener siete meses. Muy complejo y plástico con colores sobre papel y nombre dedicado: Papi, que Sandrita provocó. ¡Muchas gracias¡ Qué belleza. Qué encanto. ¿Qué será? ¿Le gustará el diseño? Seguro – pienso. Se le da muy bien la pintura. No, a lo mejor prefiere otra cosa. No me importa.

¿Por qué todos los padres pensamos lo mismo? Escogidos por el mismo patrón, pensamos que nuestros hijos los mejores y únicos en este mundo. Pero creo que es necesario, creo que estamos hechos de esta pasta. Antes de todo, éramos tales y cuales, diferentes unos de otros, pero ahora… elijo este conflicto para detenerme de nuevo, porque acaba de dejarme indiferente.

Si tuviera que definir esta experiencia no podría porque no existe un solo rincón en mi alma, en este mundo, en mis recuerdos que llegue, ni un poquito, a esto tan bonito. Quizás con el segundo hijo, María, pueda comparar uno con otro y encontrar, de esta manera, otro ejemplo. Pero ahora no lo consigo.

Candela, pedacito de mi alma, une con Sandra lo que necesito, pizpireta que enrabietas las mañanas en el cochecito. Cuando quiere, sólo cuando quiere calma su tristeza sonriendo y mis ojos, casi llorosos, la protegen y la miman. Si algo te pasara….

Miedo. Antiguo amigo que me acompañaba fugaz en los viajes, por los caminos alejados. Pero hoy soy su conquista. Lo ha conseguido. Ya no se aparta de mí, ni en los momentos más íntimos. Aprendemos a convivir con lo que nos asusta, aprendemos a vivir con la extrañeza de la vida, pero sabemos, en lo más profundo de nosotros que la felicidad es aliada y caprichosa y que nunca, nunca, nos olvida.

martes, 18 de marzo de 2008

06/03/2008

El frío me azota, entra por los resquicios, helando mi cuerpo; el día es triste, los vientos estropean los andares de las gentes, que se refugian en el primer lugar que sus derivas se encuentran. Se percibe un momento de cansancio generalizado, hartos del invierno, las calles se han vaciado, como si los ciudadanos se manifestaran, quedándose en casa como una muestra de una actitud beligerante. Calles vacías, coches invisibles, taxistas que buscan un cliente que les caliente la cartera, autobuses, vacíos de personas, que se mueven por la ciudad discretamente, en silencio, manejando sus pasos sin querer molestar, evitando posibles disturbios.

He salido del metro, voy a disfrutar del concierto de un amigo, pero mis bolsillos necesitan renovarse; así que busco un cajero. Esos hieráticos lugares donde el capitalismo ha impreso su triunfo, donde queda bien claro que el consumismo es nuestro nuevo Dios, dinero fresco, momentáneo, que se evapora enseguida, obligándonos a regresar a las malditas maquinas; prisioneros de nuestros vicios, de nuestras manías, nos empeñamos en volver a lo mismo y les damos, a ellos, a los que lo controlan todo, a los señores del oro verde, el poder de manejar nuestras desdichas, nuestros placeres, nuestras angustias y nuestros anhelos. Estoy a disgusto, incomodo, tengo frío y es de noche y mi cabeza se llena de incomodidades que, ahora mismo, se presentan como definitivas; han centrado la tarde, me he centrado en ellas, todo ello lo he vivido con disgusto, físicamente hablando he sentido cada incomodidad entrar y quedarse allí, golpeando; mi cuerpo no se acostumbra al frío y desea un lugar donde despojarse de la cazadora, anhela sentarse con un cigarro y una cerveza a escuchar música en directo, es lo que mueve mi cabeza, mis movimientos sólo se dirigen buscando conseguir ese objetivo, llegar al local y saborear la calefacción y a la banda manipulando sus instrumentos; poemas del viento que nos llenan de olvido y nos traen momentos felices, vividos o por vivir, inventados o sufridos. La música, en general, me hace viajar a lugares utópicos, a felicidades por descubrir, donde mi imaginación, desbordada, ya no tiene que luchar, sino dejarse llevar y disfrutar del placer que provocan esas notas a mi aterido cerebro.

Pienso en todo ello mientras busco un cajero. Mi amo personal tiene como símbolo un oso verde. Legañas heladas, motoristas ocultos bajo cascos imposibles respirando bocanadas que el frío retiene, coches con los cristales taponados por el calor del interior, manos embozadas en bolsillos salvadores. Encuentro un lugar donde poder recoger mi paga diaria, dirijo mis pies hacia allí. Solo puedo pensar en lugares calientes, cómodos, lugares donde se pueden ver pantuflas, chimeneas, calefacciones a plena potencia; mi vida, ahora mismo, se centra en el local de música, en conseguir llegar allí, así que entro en el cajero sin ver nada de lo que se mueve a mi alrededor, con una idea fija: sacar dinero y largarme de allí. Alejarme de todo, mover mi cuerpo a lugares despejados, secos, donde las lagrimas no se congelen antes de llorarlas.

Estoy sacando el dinero de un cajero que sale de una pared que esconde una oficina donde unos señores guardan dinero, y lo prestan, y con ese dinero otra gente se compra casas y coches y vacaciones al Caribe y se hipotecan y luego están todos los meses preocupados con eso y con el Euribor y otros enigmas parecidos y sus vidas discurren entre intereses y pagos adelantados, cancelados, suprimidos, beneficios fiscales y otros dolores de cabeza.

He marcado mi numero secreto, ese que me permite sentirme parte de este mundo, cuando escucho un murmullo a mis pies, una imprecación; primero me asalta un miedo poco cívico, un miedo que nos sale del fondo más atávico que hay en nuestro corazón, un miedo innato en los hombres que están sacando dinero de un cajero a las 22:00 en una calle oscura. ¿Me estarán robando?, me pregunto. Antes de mirar hacia abajo, agarro mi dinero y lo meto en mi bolsillo, saco las llaves y las meto dentro del puño.

Y entonces, me doy cuenta que el que ha hecho esos ruidos es el dueño de aquel espacio, un tipo cubiertos por mantas desechas, bolsas llenas de desperdicios, restos de los que alguna vez alguien consumió y tiró a la basura, lo que nadie desea, lo que ya no sirve a los civilizados, a los hipotecados; nada mas verlo, el frío entra en mi cerebro y se queda allí fijo, como una objeción de conciencia. El miedo que acabo de sentir se convierte en vergüenza; vergüenza por haber tenido miedo, vergüenza por haberme metido en su espacio, vergüenza por no haberlo visto, vergüenza por sentirme incomodo, por querer salir de allí corriendo, por el calor que me sosegará en cuanto entre en la sala de música.

Invadimos su espacio, y él se queja. Si alguien entrara en mi casa y pisara mis mantas, hiciera ruido y me despertara para volver a sentir un frío que yo pensaba había dejado para la mañana siguiente, entonces también me quejaría, mucho mas violentamente, desaforado, mis pupilas se habrían llenado de odio y habría atacado al atacador. El hombre, en cambio, solo se ha movido, mostrando su enfado y, al mismo tiempo, mostrándome que yo estaba ciego, que no veía hasta entonces. Me ha mostrado su presencia y yo, necio, he necesitado que me la mostrara, porque en mi mundo a las gentes como él no las vemos, y si lo hacemos las evitamos; igual que yo le hubiera evitado si llego a verle antes de meterme en su cubil.

Despacio, sin querer pisar ni molestar, me alejo de allí, pensando que ese hombre esta durmiendo en una esquina de la calle, tapado por dos mantas que se caerían a trozos si no tuvieran que cuidarle, rodeado de las inmundicias que le echamos, de pronto, no tengo frío, no tengo derecho a tener frío, ni tengo derecho a estar agobiado por mi alquiler; él dormía tranquilo, rodeado de gentes tapadas por lanas, bufandas, jerséis, que se meten en portales por no aguantar esa ola de frío durante 10 minutos mas de lo necesario. Yo volveré esta noche a mi casa, y encenderé un calefactor, y me arrullare en mis propias mantas, nuevas, calientes, mientras este hombre sigue sobreviviendo, molestado por los tipos que entran en su cajero a sacar dinero. Que derecho tengo a volver a tener frío en mi vida, que derecho tengo a sentir que mi cama es incomoda o que el desayuno esta poco hecho, que derecho tengo a quejarme de las aglomeraciones camino del trabajo. El calor azota mi cuerpo, las manos abren la cremallera de la chaqueta…me detengo un segundo, me doy la vuelta, miro al hombre, convertido en bulto, y cada poro de mi alma se llena de agradecimiento, y de pena. Malditas beneficios, malditos intereses y prestamos hipotecarios, malditos bancos, malditas empresas, maldita economía, ningún hombre debería vivir así, ningún hombre debería meterse en una esquina como esa y tomarla, poseerla; maldita sea la sociedad que permita algo así, porque se estará maldiciendo a sí misma, porque estará escribiendo su propia perdición. Siento que formo parte de esa sociedad podrida que permite que uno de sus ciudadanos se tenga que rodear de esas bolsas inmundas para sentirse propietario de algo.

Mientras me dirijo a escuchar a mi amigo, pienso que desde hoy, cada vez que sienta en mi espalda, en mi estomago, el chorro de agua caliente de la ducha, recordare que soy un maldito privilegiado, que las cosas pueden ir peor, y que lo único que diferencia a ese hombre tapado con esas mantas y a mí, es un giro, es un centímetro mas o menos, es una maldita casualidad. Hoy sé que no escuchare música de más calidad, ni disfrutare de cerveza más sabrosa que la que esta noche el destino, maldito sea, me ponga delante. No somos dueños de nada, no tenemos propiedad alguna que valga un solo dolor de cabeza. Ligeros, dando bandazos, nos movemos entre las sombras, buscando una luz que nos ilumine cuando lo único que tenemos que hacer es mirar para adentro y descubrir el fuego que nos quema el alma. Y alimentarlo, porque estamos dejando que se apague, inundándolo de miedos, fríos y demás insensateces. Avivemos ese fuego, y veremos a los hombres que nos avisan de que algo anda mal, algo no funciona, algo se pudre. Y nosotros, hombres civilizados, parece que hemos perdido la capacidad de olerlo, de verlo, de sentirlo, de comprenderlo. De vivirlo.

viernes, 14 de marzo de 2008

TRIBUTE TO THE CITY






A modo de homenaje a esta ciudad que me ha acogido todo este tiempo y cuando ya sólo me queda un día aquí y no quiero volver os pongo unas fotos de una ciudad moderna y antigua; limpia y sucia; loca y cuerda a la vez.
Nunca he estado en una ciudad tan bestia como esta. Es una ciudad en movimiento constante, que de verdad nunca duerme. De hecho sospecho que los shanghainitas no duermen más que a ratos en el puesto de trabajo, en esas tiendecillas donde comen, dormitan, juegan a las cartas, ven la tele, se lavan los pies etc... En suma viven, en las calles de la ciudad que nunca para de rodar.
Xie xie Shanghai. Ciudad sobre el mar.

miércoles, 12 de marzo de 2008

SHANGHAI CITY LIMITS



No sabemos a donde nos lleva el futuro, como ese nudo de carreteras que se retuerce sobre si mismo.
Mientras seguiremos tendiendo la ropa en la calle. A fin de cuentas es nuestra.

martes, 11 de marzo de 2008

CYCLING IN THE CITY





La primera foto es de Yuyuan, la arquitectura tradicional no impide que si miráis con atención podáis encontrar un Häagen Dazs. La segunda es un resumen bueno de la ciudad; la torre Jin Mao es el rascacielos más alto de China , de momento, y el cuarto del mundo, el Parking cochambroso es quizá uno de los más guarros de China y casi el más guarro del mundo. La distancia entre lo más moderno y limpio y lo más cochambroso es sólo de unos metros. Me meto por calles donde jamás me metería en ningún sitio menos en China. Aquí no puede pasarte nada, nadie se atreve a meterse con un occidental, la justicia tiene maneras bastante expeditivas.
La ciudad tiene tiendas de Prada y Armani y al mismo tiempo los niños van al colegio con el pañuelo rojo al cuello y en todos los bares de copas hay lo que yo llamo un "guardián de la revolución" que realmente es un inspector de policía, un tipo vestido de gris con un pañuelo rojo en el brazo. Creo que su función es impedir que las cosas se desmanden, pero no lo tengo muy claro.
En esta ciudad ponen los carteles en chino y en inglés pero fuera de los sitios para occidentales nadie habla inglés, eso si los que te quieren vender algo te hablan en cualquier idioma, el castellano es muy popular aquí.
Ayer me compré una sudadera de España (¡!) de la marca Li ning que trata de imitar a Nike, lo bueno es que son imitadores pero con una cierta calidad; y tienen un montón de tiendas propias. Pero la cosa no acaba ahí, hay una marca que se llama Anta que trata de imitar a Li ning y así podríamos llegar al infinito. Todo lo que se pueda copiar se copia y se vende. Bueno de hecho todo se vende, desde cosas de comer que no sabes lo que son y tampoco quieres saberlo a iPods falsos e incluso verdaderos.
Sigo creyendo en el caos. A pesar de todo el desorden y barullo que hay las cosas salen adelante. Y eso es fascinante.
A mi no me preguntéis porqué; podéis llamar a la COPE que el Insultador Jimenez era maoista, igual sabe algo de esto.

domingo, 9 de marzo de 2008

BACK HOME



Mariano, no sufras que cuando la Condesa se libre de ti aquí siempre tendrás un sitio. Los tios con barba aquí todavía triunfan. Esta es la estatua de Marx y Engels en Fuxing Park.
También puedes traerte a tu amigo el Insultador Jimenez porque la Conferencia Episcopal ya le ha montado aquí una sucursal de la COPE; realmente es el China Construction Bank pero da el pego.

Este fin de semana hemos ido a Suzhou (se pronuncia Suyou más o menos) que es una ciudad con muchos canales y lagos. Este "pueblito" tiene cinco millones de habitantes así que imaginad. La ciudad es una horrible ciudad industrial pero tiene unas cuantas zonas antiguas y unos cuantos jardines tradicionales. Si queréis ver una pagoda antigua de verdad en Suzhou hay una en Tiger Hill, debe ser de las pocas que realmente tienen dos mil años. Aquí hay mucho lugar de turismo en plan parque temático China Antigua pero con mucho cartón piedra. Hay otra razón para ir a Suzhou; " El Mesón de Carmen", no tiene pérdida porque en todos los mapas le ponen una bandera española. Podemos decir que nos hemos comido unos huevos estrellados a diez mil kilómetros de Madrid, y unos chuletones también. Si venís por aquí es visita obligada.
Estuvimos también en Tongli que es un pueblo medieval, bueno tiene alguna parte medieval,me gustó especialmente un templo que está en una isla que se llama Luoxing , hay que ir en barco así que es divertido.
La vuelta a Shanghai la hicimos en un tren parecido al antiguo Irún-Algeciras; de los de la época en que había tercera clase. Al menos el trayecto sólo duro una hora.

viernes, 7 de marzo de 2008

WEEKEND


Devuelvo la conexión a Madrid que me voy de fin de semana a Sonzhou , la Venecia de China ¿?
El lunes vuelvo, os dejo con un poco de prosa poética de parte de Lu.

HOY HE VISTO UN CEREZO EN FLOR

Hoy he visto un cerezo en flor. Era por la mañana, bien pronto, el día aun no había amanecido y el sol se resistía a bendecir este mundo y a sus locuras y sus inmundicias y sus alegres poemas. Alrededor mío las almas se encaminaban a sus lugares de trabajo, hombres y mujeres dormidos que sueñan con el viernes, que marchan por el martes como un castigo impuesto, ciegos, sordos; gentes que se empujan por llegar a un lugar al que no quieren llegar, del que saldrán despavoridos y al que volverán mañana, cerrando círculos grises, sin nada que aportar, sólo una hipoteca durante 50 años. Círculos grises que atrapan a todos, al tipo del café con anisete y al del soberano largo, a las mujeres de grandes caderas y a los hombres que viven bajo su sombra, al recién llegado a este mundo y al experto en lo sórdido, al que se alimenta de ellas y a la que sabe que solo con subirse la falda el mundo se pone a sus pies.

Antes de nada, hoy he visto un cerezo en flor, y me he parado a observarlo, y el autobús se ha ido, dejándome solo, sin saber si quería seguir allí, admirando las joyas blancas que decoraban sus ramas o seguir mi día, vestido de ordinariez, de nada, de silencios abarrotados de estupideces; el señor de azul me mira extrañado desde el autobús, él no ha visto el cerezo, por eso sigue sin mas, sin pararse.

Las sombras se apretujan, se insultan, se ignoran, se miran con ojos anegados de odio, de malestar, de un dolor que no saben detectar, solo sufrir, dolerse; las niñas se visten de mujeres y los niños las persiguen con su bólidos puntiagudos, pero ellas siguen recto, sin pararse a mirar a los cerezos en flor que decoran la avenida. Sus flores blancas son invisibles, y los niños atropellan los jardines, acelerando sus flamantes ataúdes, matando al cielo, a las nubes. ¿Cómo van a ver al sol reinando?, ¿cómo van a guardarse los rayos, luminosos, en sus bolsillos y disfrutar de ellos cuando la memoria les flaquee? Las sombras nos apretujamos, nos atacamos en silencio, nadie quiere estar ahí, y todos saben que los responsables de la desdicha es el aire, que te envuelve poco a poco, hasta que dejas de ser niño y juegas con bólidos rojos, amenazantes, que pasan por encima de las flores blancas.

He visto un cerezo en flor, y me ha paralizado el alma, porque durante días, semanas, siglos, parecen siglos interminables, que se aplastan hasta hacerse uno solo, inabarcable, que se te escapa, durante ese tiempo, yo estaba ciego. Mis ojos veían los libros que leían, veían a las mujeres que se contoneaban a mi alrededor, llenando mi estomago de dolores, de presiones, de gozos inventados, miraba asientos vacíos donde rendirme, miraba autobuses que nos trasportaban a nuestros cubiles, pero, ay, mi alma no veía al cerezo en flor, pasaba de largo, junto a los otros cuerpos uniformados para la nada, para la gloria, ciegos, malditos ciegos, que nos vemos las flores, ni los versos del cielo, vemos ojos que nos imploran una pista, por favor señor, por donde esta la salida, y tu les miras, y les entiendes, porque tus ojos gritan los mismos gritos, porque tampoco sabes por donde se marcharon las fuerzas, las ganas de que mañana sea miércoles y no viernes, no hay nada que decir. Tal vez una sonrisa, perdida en los mares de la pena, de la abulia. Ciegos, los días, sus luces monótonas, sus brillos llenos de oropel y falsas visiones no nos dejan ver nada, solo a los pechos de la señorita de enfrente, sueños perdidos, miserias que no llevan mas que a lo miserable, o el Marca, mas mentiras, mas idioteces, o, simplemente, dejar que los ojos se pierdan en los suelos, cabizbajos, porque mañana es miércoles, y el viernes no llega, jamás llega.

Hoy he visto un cerezo en flor, y entonces, y solo entonces, he dejado de espiar las esquinas de las rubias, de buscar la verdad en libros de otros y me he parado frente al cerezo. Los dos en silencio, sin nada que decirnos, solamente contemplándonos, yo con admiración, lleno de sorpresa, vació de lo gris; y él, maravilloso cerezo en flor, me chillaba que corriera, que el tren se iba, que no esperaba a nadie y yo me alejaba, estupido de mi, en la dirección equivocada.

jueves, 6 de marzo de 2008

MY POOR LITTLE GIRL




He encontrado a la niña de Mariano, se llama Hello Kitty y como podéis ver está por todas partes. Me parece que es japonesa así que aquí es una inmigrante bien acogida; no le han hecho firmar ningún contrato de aceptación de costumbres, ella es costumbre.
Anoche para nuestra desgracia, estuvimos en un partido de fútbol. El grupo de españoles que sabe como comportarse en un partido de fútbol (como no) se dedicó a animar a China y a hacer la ola; también a gritar "Yankees go home" cosa que los usamericanos que teníamos un poco más arriba no tomaron con mucho humor. El partido fue un coñazo y hacía frío pero hicimos amigos entre los chinos, a base de gritar "Chonguo" que es una aproximación fonética a como se dice China en chino (probad en la tienda de al lado de casa, ya veréis) ellos acabaron gritando "Shinbanya" que es España y bailando la conga. El resto de los chinos animaban a Beckham y cuando le cambiaron, empezaron a irse. Al final Los Angeles Galaxy ganaron tres a cero y dos goles los metió un tal Ruiz que me imagino que descendiente de los del Mayflower no es.
Hoy he ido en bicicleta por la ciudad, tampoco es para tanto, sólo hay que ser un poco agresivo y meter codo en los semáforos y estar un poco atento para esquivar a todo lo que se cruza. Lo malo es que se me ha caído el pedal, y menos mal que me he dado cuenta que si no lo pierdo.
Veo que os llama la atención lo de escupir. Es sencillo, esta ciudad tiene una permanente neblina que no es causada por la humedad no nada parecido, es contaminación. Los pulmones aquí aguantan a base de segregar flema. Es más o menos el modelo que quiere para Madrid la Filósofa Frutal (o Brutal según se mire) y parece que lo va consiguiendo, aquí tiene un espejo donde mirarse.

miércoles, 5 de marzo de 2008

WATCH, SHOES...



Te das cuenta de que algo ha alcanzado gloria en el mundo entero cuando los chinos te clonan. Aquí por supuesto hay un Zara, y todas las demás marcas que podáis recordar. Pero también hay un Tara, daos cuenta de que el tipo de letra es igual, menos mal que no conocen las tildes que sino igual lo hubieran llamado Tará, y yo me hubiera ahogado de la risa. De todas formas ya me han ofrecido de todo por la calle, además de bolsos, relojes y zapatillas de deporte, me han ofrecido masajes, ropa e incluso una señorita o señorito, eso nunca lo sabré, que decía ser malaya/o se ofrecía a si misma/o mientras un vejete que iba detrás la iba animando a que fuera más efusiva; su excusa o coartada era que iban a un centro comercial ¿? y se habían perdido y supuestamente yo debía ayudarles a encontrarlo... sin comentarios.
La otra foto no la puedo explicar, es un elefante con una aleta de tiburón, un cuerno y subido en un caracol del pleistoceno. Está en la entrada de un edificio de oficinas.
Las cervezas aquí tienen 610 mililitros, de donde sale esta medida no es algo que tampoco pueda explicar pero me voy a tomar una antes de ver a Beckham, la voy a necesitar.

martes, 4 de marzo de 2008

A MAN WITH NO NAME



Esto es una tienda de colchones, no os vayáis a creer, en Jiangning Lu.

Estar en una ciudad en la que no entiendes nada es raro pero a la vez divertido. Lo más incomprensible es la circulación. Cuando una ciudad de doce millones de habitantes se mueve, se mueve mucho. Ya he aprendido que en un semáforo los que giran a la izquierda no tienen obligación de pararse; los otros tampoco. Eso si hay unos policias, más bien agentes de movilidad, que nunca le echarán la bronca a uno que se salta un semáforo pero si estés esperando para cruzar y sacas un pie te pegan unos gritos de aúpa.
Las aceras tampoco son para los peatones. Por las aceras puede circular cualquier cosa.
Vamos que corres el riesgo de ser atropellado por cualquier vehículo o persona en cualquier momento. Os hago u resumen de los vehículos que os pueden atropellar; están las bicis,los coches, las motos, que son muy peligrosas porque son eléctricas y no suenan ,y por último las bicis-camión. Os prometo que os conseguiré una foto de una bici camión a plena carga, vale la pena verlas.
Visto lo visto, al segundo día ya estás jugandote la vida cruzando cuando te da la gana y si ves un hueco. A pesar de todo sólo he visto un atropello de una moto eléctrica a una señora y un choque entre una bicicleta y una moto, y no ha habido victimas.
Mañana voy a ver un partido de fútbol de Los Angeles Galaxy. Si, Beckham, efectivamente.

domingo, 2 de marzo de 2008

TELETRANSPORTE




Scotty era un tio cojonudo. Cada vez estoy más convencido. Cuando el Capitán Kirk le decía teletransportanos, Scotty les teletransportaba y no tenían que llevar maletas, ni hacer tránsitos, ni nada. Un segundo y hala, allí estaban.
Mi vuelo desde Helsinki a Shanghai se retrasó cinco horas, el tren de aterrizaje perdía aceite,vaya usted a saber porqué. Y cinco horas dan para mucho, los fineses y los rusos entretienen la espera comprando alcohol en el Duty Free y bebiéndoselo a morro en los sillones del aeropuerto; unos rusos que luego vinieron a Shanghai en mi vuelo, tres mujeres y un hombre ,dieron cuenta en ese rato de una botella de "Jim Beam" y una de "Old Nº 7", supongo que por variar.
En los aviones no se duerme bien. Igual si mides un metro veinte lo consigues, pero con un poco más de estatura resulta muy difícil. La mejor película que ponen en el avión es siempre el programa informático que te muestra por donde vas y cuanto queda, a que altura vuelas y todo eso; a mi me gusta mucho la indicación de temperatura exterior, menos cincuenta y dos grados, por si quieres salir a dar una vuelta fuera que salgas abrigado. Por muchos canales de televisión que te pongan y muchas películas que puedas escoger todos vuelven a la pantalla del plan de ruta.
Mañana o pasado os contaré como se siente uno cuando su nombre es una marca registrada y como es un lugar donde no hay derecha ni izquierda, y no estoy hablando de política.

viernes, 29 de febrero de 2008

UNA MAÑANA ASI, SIN MÁS

Una tía leyendo un libro de mas de mil paginas, un autobús atascado en un atasco, un cielo azul oscuro, un coche que derrapa perseguido por un coche de la policía que aúlla, los aullidos del coche que persigue a los kunderos, dos pollas, una niña soñando con coños, un coño soñando con pollas; la misma niña de antes, jugando con las muñecas, totalmente asexuadas; un tío leyendo el Marca, el de al lado ojeando los resultados, los obreros, bebiendo anisetes y cafés sin puro pero si con Fortuna, el tren, lleno de viajeros que viajan para trabajar y no para viajar, el niño preguntándole a la madre si queda mucho, el padre diciéndole a sus hijos adonde van y de donde vienen, aunque este perdido, pero aun es pronto para eso. No hijo, no queda mucho; y el Madrid, ¿Qué? Otra vez campeón….me gustaría tener una novia, y el jefe es un cabrón. Coches ciegos que no paran de chillar, conductores afónicos de tanto conducir, el autobús que no se mueve en el atasco, radios que insultan, radios que no dicen nada, radios que solo saben cantar y otras que no saben hablar, televisiones ocultas en las mentes, cerebros en las tazas de café; el mió con leche, yo descafeinado, y a mi además una barrita con aceite. El cielo que se encapota, las nubes que vienen a salvarnos, a decirnos que chillemos, que nos liberemos, que ahí delante no hay mas que años, y mas años, de idiocia, nubes blancas, cielos negros, árboles raquíticos. Culos pizpiretos que me alegran la mañana, culos demoledores que enturbian la mirada, culos prietos que no saben decir “hola” y otros que te están vociferando “adiós”, paquetes perdidos para mis ojos, pero que ellas (y ellos) sueñan con amar, chupar, poseer, olvidar. Mujeres que van, mujeres que se fueron, todas con libros grandes, muy grandes, ¿Por qué todas leen libros tan voluminosos? Los libros cortos no valen, porque se acaban antes de que llegue mi parada. Y yo miro esos libros y pienso que tienen que ser buenos, porque si no, porque los leen. Pero el metro sigue y ellas miran hacia sus libros y se olvidan de mi; ojala yo me pudiera olvidar de ellas. Cielos azules, limpios, y aun así negro como el carbón. Coches abarrotados de gente abarrotada, coches solitarios sin nadie dentro, solo uno que va solo, siempre solo. No me gusta ir solo, pero nadie quiere ir conmigo, lee este libro es bueno, y muy muy gordo. Pollas gordas en paquetes enormes, niños que juegan con los paquetes de sus vecinos, vecinos que quieren tocar a la niña, pero la niña solo quiere Nancys, vestiditas de rosa y con su canesú. No pienses, escribe, solo escribe. Colas de personas que soñaron otra vida, que pensaron que tal vez las pesadillas se alejarían, intentan olvidar que aquello no es, que esto no es, que, en general, nada es como debería ser. Y recuerdan que su mujer ayer les quiso, que su marido ayer les amo, que el tío bueno les dijo algo bonito y , entonces, ilusionados con sus ilusiones, sueñan que tal vez, solo tal vez, hoy sea un buen día. Coches, gentes, peatones, caballos, perros, gatos, tontos, estúpidos, saltar, correr, chillar, gritar, follar, amar, leer, escuchar, pensar. Todo en un solo párrafo, que acabara como acabaran todos y se olvidaran, como se olvidan todos mis párrafos. Son malos, sin sentido, como esta mañana, que nada parece entender, que solo gimotea, y tus sueños, donde acabaron tus sueños.
Coños cerrados a cal y canto, pechos amargados, tristes, tapados por los miedos y por mis miradas sucias, coños aterciopelados que nunca vieron el terciopelo, coños lanudos y coños rasurados, me los imagino todo y para todos hay un sitio en mi locura, señoritas bondadosas con grandes escotes, que se agachan y entonces, en ese momento, el tío del Marca deja de mirar el Marca y, por fin, comprende que la verdad no esta en la paginas del Marca, sino en el escote de esa señora y que, mas allá, en su coño, esta la felicidad, el odio, el rencor, la molicie, la muerte y la vida. Sujetadores pálidos, pomposos, pijoteros, peludos, de petimetres, colorados y amarillos, me gustan los estampados. Ellas, ellos, nosotros y vosotros, acomodados sobre los codos del vecino, VAMOS, VENIMOS, una Mañana mas, así, sin más.

miércoles, 16 de enero de 2008

MAÑANA,MAÑANA...




Me duermo. El sopor me vence y conquista mi cuerpo. Son momentos difíciles de aprovechar, laboralmente hablando son un suplicio; los informes que antes habías estudiado con detenimiento se convierten en algo parecido a un papiro lleno de escritura jeroglífica. En situaciones así lo mejor es activarte, intentar salir de allí. Porque si te quedas frente al ordenador o intentas escribir algo, la tortura puede ser aun peor. Los parpados arrasaran con tu conciencia.
Enfrente mía, Juan lucha mirando el correo que le he ido enviando durante la mañana y lo comenta con Mónica, que ríe ostensivamente disfrutando de cada instante, sacándole provecho A cada respiración, como si estuviera obligada a ser vitalista cada nanosegundo de su vida, como si su vida dependiera de ese minuto exacto, como si no hubiera otro momento mas importante, como si el camino solo durara lo que dura ese instante, y si lo pierdes o lo guardas para luego tu existencia se diluyera en la nada, en lo absurdo. Personalmente, puede llegar a agobiante, porque yo ya se que me he dejado algo en el camino, pero me he acostumbrado a vivir así y no me duele, al menos ya no lo siento. Pero ella me lo recuerda cada día, y tampoco es plan de recordar lo que soñamos con ser y jamás viviremos; hace tiempo que puedo vivir con ello pues la vida te aporta otros alimentos que te engordan y te satisfacen, seguramente de una forma diferente, pero mucho mas real, pues lo que no pudo ser jamás lo masticaras así que no sabes como sabe, como suda, como respira; pero tampoco le apetece a uno que le recuerden cada día que el llegar hasta aquí ha tenido un precio, que la vida deja marcas, a veces gozosas, otras no tanto. Ella creo que todavía no sabe que las reservas se agotan y gasta como si la espuma de la botella de champagne con la que celebra cada respiración fuera eterna; le deseo que tarde mucho en enterarse, no es agradable descubrir ciertas cosas.

Evidentemente, a estas horas de la tarde, mirar un correo es un ejercicio que a mi ya no me sirve, todo el correo ha sido revisado esta mañana, nada mas llegar a la oficina. Es mi forma de combatir el suplicio de las 8 de la mañana. Evidentemente, cuando ejerces en un trabajo que no te llena y que solo te aporta un mísero sueldo y días eternos rodeado de hormigones, placas de carga, aceros y otros estudios técnicos de materiales de construcción, el día esta lleno de socavones que has de superar, de momentos somnolientos que te invitan a meterte en el baño, cerrar el postigo y dormir. Lo malo es que, como decimos por aquí, “han sacado al cadáver de nuevo”, o sea, que los responsables de mantenimiento se han olvidado de los devor-olor, y en el baño no se puede estar más del tiempo necesario para descansar cuerpo y alma. La angustia te recorrerá el cuerpo si no eres rápido, amigo mió. Veinte olores te atacaran al mismo tiempo, te pondrán contra la pared y te obligaran a convivir con ellos aunque tú no quieras, aunque desees correr ya será tarde, ya estarás perdido. Puede ser una buena forma de despertar, pensaran algunos, pero creo que se trataría de algo indecoroso y realmente no me apetece dormir y levantarme oliendo a mierda; no gracias. Todo esto puede parecer demasiado pestilente, pero es que las cosas son como son, y no tengo intención de quedar bien con los que huelen siempre bien; un tipo que nunca huele a podrido es un tipo que esconde algo, que oculta parte de su ser, que no permite a alguna de sus caras la existencia ser visible; no son gente de fiar, nunca lo han sido.

Así que al final la solución es levantarte y recorrer los pasillos de la oficina, meterte en el laboratorio y tener alguna charla con los laborantes.
Decido hacerlo. Entrar en este mundo es un ejercicio de dignidad, que te baja de la nube y te envía al mundo real, te saca de tus ensoñaciones victimistas; me explico. De pronto te encuentras con gentes que no se duermen porque andan limpiando probetas, que son unos cubos de hierros donde se recoge el hormigón, que se dejan secar para luego hacer diversas pruebas físicas con ellos, hay cientos, y los limpian doblando sus espaldas y metiendo sus manos en el hormigón, o se dedican a esparcir muestras de suelo con una azada para luego pasarse horas machacando las piedras hasta convertirla en arenilla; todo ello en un ambiente frió, poco higiénico, bajo el control de un tipo al que el mas educado no duda en llamar bastardo.
Estas gentes no se comen la cabeza con temas como la felicidad, el bienestar, o la sabiduría; su dignidad no depende de coger una escoba y barrer un suelo, ni de tirarse 3 horas fregando cacerolas de hierro donde hacer pruebas técnicas. No le dan vueltas a la vida, sino que la viven; mientras los demás estamos intentando encontrar sentido a todo esto, ellos se beben veinte cervezas y encuentran la felicidad. Alguien dirá que encuentran una felicidad efímera, poco duradera, y yo le preguntaría al lumbrera que se piensa él que es la felicidad, sino algún momento efímero entre tanta mierda. ¿Incultos? ¿Ignorantes? Es posible que no tengan los estudios que algún listo necesita para dignificar a las personas, pero no creo que haya en este mundo nadie que tenga mas claro porque están aquí, cuales son sus deberes y sus derechos; no he escuchado en dos años a ningún laborante hablar de su mujer sin mostrar un respeto y un amor a prueba de bombas, todos ellos hablan de sus hijos, la mayoría universitarios, con devoción y trasmiten una fidelidad a la familia que ya me gustaría a mi haber vivido alguna vez en mi entorno; cuando me junto con ellos me doy cuenta de lo poco importantes que son mis libros, mis carreras, mis ideas técnicas y superficiales para encontrar eso que los pedantes llamamos sabiduría. Y que nadie piense que estoy hablando de semi-dioses que nos visitan en vida , cuidado, estos hombres no son mas que eso, hombres, y por lo tanto imperfectos, llenos de defectos y de cualidades humanas que nadie desea conocer ni sufrir; pueden ser brutales en sus juicios, y sus bromas y comentarios entran de lleno en lugares donde no suele mas que entrar la conciencia de uno mismo, pero con el tiempo te das cuenta que esas bromas son bestiales justamente porque no hay malicia, porque saben que eres tan carnal como ellos, porque eso que para ti es un secreto que esconder bajo siete llaves, para ellos no es mas que una característica humana, nada que esconder, nada que temer. No se pondrán colonia, y cuando lo hacen pierden la mesura, ni llevaran corbatas y sus camisas son de un gusto que repudia mi sentido de lo estético, pero son mas de fiar que cualquiera de los ejecutivos que deciden desde sus despachos apartados que es lo que hay que hacer, pensar, crear, expulsar o maniatar. Trabajan a diez metros de nosotros, pero viven en otro mundo, y nosotros, ciegos del todo, pensamos que la nuestra es la verdad que salvara el mundo; no somos más que unos necios, y encima ellos se beben las cervezas.

Al final, lo mejor para despertarse de esta soñolencia es tener una discusión con un atlético. Me encantan los atléticos, son los últimos utópicos, los últimos robinsones de nuestra edad. Cuando ellos desaparezcan, desaparecerá la utopía y nuestro mundo se convertirá en un lugar donde la vida se trasformara en algo aburrido, frió, oscuro. Su ilusión es inamovible y la fe en su equipo roza lo divino. Da igual que lleven 13 años de frustraciones, cada año, cada septiembre, ves en sus ojos esa luz que solo ellos tienen; como si conocieran un secreto que los demás ignoramos, como si conocieran donde se esconde el santo grial y hubieran decidido que el mundo no tiene derecho a compartir esa información. Carpintero es uno de ellos, esta convencido que la vida solo es tal si llevas al atleti en el corazón y en fondo no creo que este muy alejado de la verdad.

Vuelvo a mi puesto de trabajo, ultimo unos trabajos de Word, paso a limpio unas cartas y hablo con un ingeniero del pobre gallardon, de la condesa y de los vampiros que se mueven en el ambiente; tonterías, la verdad. Cuando el día se acaba, recojo las cosas y salgo por la puerta con la sensación de que no he aprendido demasiado, que las cosas se han repetido demasiado y que mañana, que será otro día, debería estar mas atento, no vaya a ser que pase mi tren de largo; y yo ni me entere, perdido en nubes lejanas, algodonosas y lejanas.