martes, 4 de diciembre de 2007

CALCETINES


Volvemos a la irrealidad que es mucho mejor para la salud. De todas formas hemos enlazado el manifiesto ahí a la derecha (o a la izquierda según si estáis dentro o fuera de la pantalla).

Hace más o menos un año compré unos calcetines en una de las tiendas que una cadena muy conocida tiene en mi ciudad. Por comodidad compré un paquete de cinco pares de calcetines a muy buen precio. Al llegar a casa y revisar mi compra vi que los cinco pares, de distintos colores, tenían impresa la leyenda “CUBA 1965”. Intrigado por esta leyenda busqué información y llegué hasta una información que me intrigó aún más, en el año 1965 en Cuba se fundó el Partido Comunista Cubano. Mi sorpresa venía porque esa cadena de tiendas, y sobre todo sus directivos, tenían hondas raíces en organizaciones católicas y de extrema derecha. ¿Estaban exaltando el comunismo en su línea de ropa? Decidí, no sin sorna, enviar una carta a la empresa preguntando por las razones de su diseño, pero sin dar pistas, a ver que pasaba.

Como era de esperar no recibí respuesta.

El mes pasado, un año después del envío de la carta llegó a mi buzón un sobre con el membrete de la famosa cadena de tiendas. La carta era manuscrita y estaba firmada por Benito González, Jefe de Producto de la empresa en cuestión. La carta decía:

Estimado Alfredo, lo primero que debo hacer es darte las gracias por comprar nuestros productos, no te voy a engañar, vivo muy bien gracias a lo bien que van nuestras ventas. Con relación a tu pregunta, me da la oportunidad de contar algo que no he podido contar a nadie, no podría tampoco contárselo a nadie conocido, en mi círculo esta historia podría acabar con mi trabajo e incluso con mi propia vida.
Pero vamos a la historia. Yo, Alfredo hace un par de años estaba felizmente casado; ya sabes que eso de felizmente es un lugar común sin mucho sentido, pero bueno, mi mujer y yo nos llevábamos bien y tratábamos de no molestarnos; no creas realmente éramos felices, cada uno a su manera. Yo le daba todos los caprichos, a fin de cuentas el dinero no es un problema para mí. Un día se encaprichó con ir a Cuba con unas amigas suyas, a tomar el sol y a beber mojitos. Y se fue, y tomo el sol, y bebió mojitos, y de vuelta se trajo a un cubano, muy simpático por lo visto, y, según me dijo una amiga suya, un animal en la cama. Me dejó. No te voy a decir que me quedé destrozado porque no es verdad, pero si sentí la pérdida de una rutina familiar que me resultaba cómoda. Estuve un tiempo molesto y tristón, un poco harto de cenar solo en el caserón donde vivía, que ya resultaba grande hasta para dos.
Pero, no creas, sin saber cómo, la ilusión se coló en mi vida gracias a una de las secretarias del Director General, una chica guapa y discreta, un poco tímida, que empezó a gustarme y con la que empecé a charlar cada vez que subía a las reuniones del Comité de Dirección. Como si fuera un chiquillo otra vez le hacía regalos y reía con ella. Por fin me atreví a pedirle una cita y empezamos a salir por ahí como unos novios más. Recuperé mi apetito sexual y ella empezó a venir más a menudo a mi caserón. Y así le propuse que viniera a vivir conmigo allí con la excusa de que la casa era muy grande y me sentía muy solo. Ella me dijo que tenía que pensarlo y que le diera tiempo. A los pocos días, gracias a un compañero, me enteré que ella estaba liada con el Director General. No te imaginas al tipo; cincuentón, de derechas de toda la vida, de misa diaria y matrimonio ejemplar; todo un tipo. La dejé, me hundí, pedí unos días de vacaciones y me abandoné en mi caserón. No comprendía que veía en ese tipejo, me revolcaba en cada recuerdo, en cada detalle buscando una explicación. No encontré ninguna, pero un plan fue surgiendo en mi cabeza, un plan que llevé a cabo enseguida y que tiene que ver con esos calcetines que tú compraste.
Localicé a mi ex mujer a través de una amiga común; hable con su novio cubano que me puso en contacto con un amigo suyo recién llegado de la isla. Este amigo tenía fama de estar especialmente bien dotado. Volví a la oficina y concerté una entrevista con Edgardo, el cubano, que acudió a mi despacho a medía mañana. Le conté mi plan y le ofrecí una suma importante por su ayuda. Entre los dos tendimos las redes y ella picó, en una semana escasa. Lo último que se de ella es que se ha ido a Cuba con Edgardo.
Alberto, al fin, piensa en tus calcetines; y no sólo en los calcetines, en las sudaderas, camisetas, zapatillas y hasta calzoncillos, nuestra línea de más éxito. Piensa en el lema “Cuba 1965”, piensa en ese Director General acordándose de Cuba todos los días, acordándose de su amante perdida. Imagínate cuando alguien le dijo que en 1965 se había fundado el Partido Comunista de Cuba, que estábamos exaltando subliminalmente a Castro. Además no puede retirar los productos de la línea, con lo que venden eso sería un suicidio.
Sabes Alfredo, nunca me había divertido tanto. Te lo aseguro.

Atentamente,

Benito González.

No hay comentarios: