lunes, 24 de diciembre de 2007

SANTA




Luciano McCullough llevaba veinte años siendo el gerente de los almacenes Ambletts y la navidad era su época favorita. Ponía todo su esmero en estas fechas para que los almacenes lucieran con toda la decoración de estas fechas. Convertía el almacén en una selva de guirnaldas brillantes y luces; y hacía vestir de pajes de Santa Claus a todos los empleados de Ambletts. Qué gran labor era mantener el espíritu navideño para Luciano McCullough. Y por eso también ponía mucho empeño en elegir en persona al Santa Claus de los almacenes, debía elegir al mejor representante de el gran Papa Noel para dar lustre al establecimiento.
Y este año había encontrado al Santa perfecto; Joey Williamson era su nombre. Era un hombre discreto de mediana edad que parecía disfrutar con los niños y la navidad como el propio Luciano McCullogh. Williamson había llegado a la ciudad huyendo de un fracaso matrimonial y de un trabajo de conserje en una casa de vecinos. Pero el gerente pensaba que irradiaba bondad y nada más entrevistarle le contrató.
La semana antes de navidad el nuevo Santa Claus de los almacenes Ambletts ocupó su puesto justo al lado de la sección de juguetes y empezó a recibir a los niños y sus interminables peticiones. Luciano McCullough estuvo observándole los primeros dos días y quedó muy satisfecho con el trato de Santa con los niños y con la alegría que los niños demostraban en la cuarta planta de los almacenes. Y porque no decirlo,las ventas de juguetes iban mucho mejor que el año anterior.
Como esta navidad todo parecía ir sobre ruedas el gerente decidió el día antes de Navidad concederse un capricho en pago a su satisfacción y dejando a sus subordinados a cargo de los almacenes a mediodía se escapó un par de horas para comer en su restaurante favorito; Gianetta, un restaurante italiano que estaba muy cerca de Ambletts. No esperaba que hubiera problemas hasta la hora de cerrar y si los había le llamarían.
Tenía en la cabeza lo bien que había salido todo y también le daba vueltas a la cena de la nochebuena y a la reunión familiar que su mujer ya estaría preparando. Por fin empezaba a disfrutar con la satisfacción del deber cumplido. Pidió su plato de pasta favorito, los tagliatelle con la salsa de tomate especial de Doña Angela que dirigía el restaurante y la cocina tan bien como el sus almacenes. Lo regó con generoso chianti que le fue sumiendo en sopor complaciente y ciertamente feliz.
Y cuando casí sucumbía al sopor,Antonio, el camarero le trajo el teléfono y le indico que había una llamada para él. Lo que le relataron logró despertarle.
Santa Claus había sacado un fusil recortado de dos cañones y se había abierto paso a tiros por toda la sección de juguetes; por suerte su puntería no era muy buena y no había herido a nadie, sólo había arrasado gran parte de la decoración. Ahora estaba según le decían atrincherado en los probadores de señoras de la segunda planta.
Allí quedaron los tagliatelle y Luciano McCullough corrió hasta la tienda y cuando ya alcanzaba las puertas cromadas del lado oeste tuvo que alzar la vista porque una enorme explosión reventó una pared entera de los almacenes lanzando ropa y maniquíes a la calle.
Joey Williamson llevaba una bomba escondida en la tripa de Santa Claus y acababa de volar la Navidad por los aires.

jueves, 13 de diciembre de 2007

ROSA



No pensaba en la rosa pero la agarraba como si formara parte de su propio cuerpo. Ella esa noche flotaba, no sentía el frío ni esa terrible humedad que esa noche se clavaba en los huesos como siempre en los inviernos de la ciudad. Sólo podía sonreír, y sonriendo entró en el café donde hacía su turno Doris. Al entrar no se fijó en el grupo que se sentaba en la mesa del fondo.
En esa mesa Nicholas Hagan bebía vino blanco y fumaba despacio rodeado de sus matones. Nick Hagan era el dueño de la ciudad que fluía por debajo de la ciudad; esa ciudad subterránea que casi nadie veía y estaba bañada en dinero y sangre. Habían parado allí porque el café abría toda la noche y el jefe se había empeñado en tomar un vino blanco al salir de la ópera. Ellos no se dieron cuenta de que ella había entrado en el café.
Después de todo ella tampoco les había mirado; se dirigió directa a Doris ,que estaba en la barra, para contarle todo lo que había pasado esa noche, lo que había sentido, que estaba enamorada, todo lo que habían hablado. Quería contarle cómo él callado y duro en apariencia, sabía ser cálido con pequeños gestos que hacían que ella ardiese por dentro como nunca le había ocurrido. Por eso había parado en el café antes de subir a casa. Necesitaba contarle todo a su compañera de piso, su mejor amiga. Tampoco iba a poder dormir ahora y podía esperar a que Doris terminara el turno y subirían juntas a casa.
Doris podía escucharla, no tenía mucho trabajo esa noche, en el café sólo estaba el grupo de Nick Hagan y Bob el vagabundo, que pasaba las noches de invierno en las mesas del local bebiendo café caliente con las monedas que había conseguido durante el día en la calle. Ella podía hablar, nada iba a interrumpirlas.

“ Chica, y tú bombón, ¿dónde lo has dejado?” preguntó Doris.
“ Ha tenido que ir a trabajar, le llamaron”
“¡Ay chica!, trabajar, ¿en una noche como esta?.Esta noche sólo trabajan las pobres desgraciadas como yo”.
“Dijo algo de la oficina, y unas acciones”.

Ellos escuchaban en silencio. Ellos no hacen preguntas. Honch les transmitía la información que necesitaban. Ellos sentados en aquellas viejas sillas en la oscura sala estaban preparados para actuar. Otra vez estaban sin calefacción en la comisaría pero ellos no sentían frío; tampoco sentían miedo aunque esta vez iban a ir a por el gran jefe, a por el pez más gordo de la charca, y habrá jaleo, seguro.
Él pensaba en ella, le fastidiaba que le hubieran llamado, pero tenía que cumplir con su deber, siempre cumplía con su deber. Pero precisamente esta noche, esta noche él bajo su máscara de poli duro y sin sentimientos era el tipo más feliz de la ciudad.
Las últimas consignas, dónde está el objetivo, los retoques del plan, correr a los coches. No hay que hacer ruido, que no se escape la presa.

Las chicas hablaban pegadas a la barra; Bob dormitaba en una mesa y el grupo seguía sentado en la mesa del fondo. Se oyó un golpe seco en la puerta y ella se volvió a mirar, vio como llegaban y sacaban las armas, y como los del fondo sacaban las suyas. Y le vio. Él no la vio al entrar pero cuando las armas ya hablaban miró hacía la barra y la vio; inmóvil, con un hilo de sangre que caía por su frente, había soltado la rosa que caía al suelo y ella iba derrumbándose detrás. Una bala perdida.
Él intentó ir hacía ella y en ese momento sintió un calor repentino en el cuello. Cayó.

martes, 11 de diciembre de 2007

ESTO SI ES PUBLICIDAD





Publicidad de la que da gusto hacer. De la que no se paga ni se cobra.

El mensaje es simple. Insanity Wave vuelven a sacar un disco y queda menos para que salga. Mirad el link de ahí al lado donde tenéis toda la información y un single de adelanto.

Rock'n'roll

martes, 4 de diciembre de 2007

CALCETINES


Volvemos a la irrealidad que es mucho mejor para la salud. De todas formas hemos enlazado el manifiesto ahí a la derecha (o a la izquierda según si estáis dentro o fuera de la pantalla).

Hace más o menos un año compré unos calcetines en una de las tiendas que una cadena muy conocida tiene en mi ciudad. Por comodidad compré un paquete de cinco pares de calcetines a muy buen precio. Al llegar a casa y revisar mi compra vi que los cinco pares, de distintos colores, tenían impresa la leyenda “CUBA 1965”. Intrigado por esta leyenda busqué información y llegué hasta una información que me intrigó aún más, en el año 1965 en Cuba se fundó el Partido Comunista Cubano. Mi sorpresa venía porque esa cadena de tiendas, y sobre todo sus directivos, tenían hondas raíces en organizaciones católicas y de extrema derecha. ¿Estaban exaltando el comunismo en su línea de ropa? Decidí, no sin sorna, enviar una carta a la empresa preguntando por las razones de su diseño, pero sin dar pistas, a ver que pasaba.

Como era de esperar no recibí respuesta.

El mes pasado, un año después del envío de la carta llegó a mi buzón un sobre con el membrete de la famosa cadena de tiendas. La carta era manuscrita y estaba firmada por Benito González, Jefe de Producto de la empresa en cuestión. La carta decía:

Estimado Alfredo, lo primero que debo hacer es darte las gracias por comprar nuestros productos, no te voy a engañar, vivo muy bien gracias a lo bien que van nuestras ventas. Con relación a tu pregunta, me da la oportunidad de contar algo que no he podido contar a nadie, no podría tampoco contárselo a nadie conocido, en mi círculo esta historia podría acabar con mi trabajo e incluso con mi propia vida.
Pero vamos a la historia. Yo, Alfredo hace un par de años estaba felizmente casado; ya sabes que eso de felizmente es un lugar común sin mucho sentido, pero bueno, mi mujer y yo nos llevábamos bien y tratábamos de no molestarnos; no creas realmente éramos felices, cada uno a su manera. Yo le daba todos los caprichos, a fin de cuentas el dinero no es un problema para mí. Un día se encaprichó con ir a Cuba con unas amigas suyas, a tomar el sol y a beber mojitos. Y se fue, y tomo el sol, y bebió mojitos, y de vuelta se trajo a un cubano, muy simpático por lo visto, y, según me dijo una amiga suya, un animal en la cama. Me dejó. No te voy a decir que me quedé destrozado porque no es verdad, pero si sentí la pérdida de una rutina familiar que me resultaba cómoda. Estuve un tiempo molesto y tristón, un poco harto de cenar solo en el caserón donde vivía, que ya resultaba grande hasta para dos.
Pero, no creas, sin saber cómo, la ilusión se coló en mi vida gracias a una de las secretarias del Director General, una chica guapa y discreta, un poco tímida, que empezó a gustarme y con la que empecé a charlar cada vez que subía a las reuniones del Comité de Dirección. Como si fuera un chiquillo otra vez le hacía regalos y reía con ella. Por fin me atreví a pedirle una cita y empezamos a salir por ahí como unos novios más. Recuperé mi apetito sexual y ella empezó a venir más a menudo a mi caserón. Y así le propuse que viniera a vivir conmigo allí con la excusa de que la casa era muy grande y me sentía muy solo. Ella me dijo que tenía que pensarlo y que le diera tiempo. A los pocos días, gracias a un compañero, me enteré que ella estaba liada con el Director General. No te imaginas al tipo; cincuentón, de derechas de toda la vida, de misa diaria y matrimonio ejemplar; todo un tipo. La dejé, me hundí, pedí unos días de vacaciones y me abandoné en mi caserón. No comprendía que veía en ese tipejo, me revolcaba en cada recuerdo, en cada detalle buscando una explicación. No encontré ninguna, pero un plan fue surgiendo en mi cabeza, un plan que llevé a cabo enseguida y que tiene que ver con esos calcetines que tú compraste.
Localicé a mi ex mujer a través de una amiga común; hable con su novio cubano que me puso en contacto con un amigo suyo recién llegado de la isla. Este amigo tenía fama de estar especialmente bien dotado. Volví a la oficina y concerté una entrevista con Edgardo, el cubano, que acudió a mi despacho a medía mañana. Le conté mi plan y le ofrecí una suma importante por su ayuda. Entre los dos tendimos las redes y ella picó, en una semana escasa. Lo último que se de ella es que se ha ido a Cuba con Edgardo.
Alberto, al fin, piensa en tus calcetines; y no sólo en los calcetines, en las sudaderas, camisetas, zapatillas y hasta calzoncillos, nuestra línea de más éxito. Piensa en el lema “Cuba 1965”, piensa en ese Director General acordándose de Cuba todos los días, acordándose de su amante perdida. Imagínate cuando alguien le dijo que en 1965 se había fundado el Partido Comunista de Cuba, que estábamos exaltando subliminalmente a Castro. Además no puede retirar los productos de la línea, con lo que venden eso sería un suicidio.
Sabes Alfredo, nunca me había divertido tanto. Te lo aseguro.

Atentamente,

Benito González.