martes, 2 de octubre de 2007

… Y PERROS

A Iñigo para que vea que sabemos destrozar sus historias tan bien como las nuestras.



La vuelta a casa, a la ciudad, fue como una mañana de resaca, de hecho me sentía como si hubiera bebido un bar entero y después me hubiera atropellado un camión, o dos. Llegué a casa sintiéndome como un imbécil, casi me había metido en un lío fenomenal. Pensar que Jaime podría haberme descubierto, o el empleado de la gasolinera hubiera podido arrancarme la cabeza. Por no hablar de Concha, algo tendré que explicarle, pero ahora necesito dormir.

Después de dormir catorce horas Lucas se despierta. Necesita un café, así que se dirige a la cocina y se prepara uno. Ahora está más recuperado y mordisquea distraídamente unas galletas; el hambre le empieza a retorcer el estómago. Cuando el café está, se sienta en la mesa de la cocina y piensa en todo lo que ha pasado. Ya no está tan avergonzado, todo le aparece ahora como envuelto en una cortina de gasa que atenúa los perfiles de los recuerdos del día anterior. No consigue matar el hambre con las galletas y el café así que abre la nevera en busca de algo comestible.
“Pizza, será pizza” murmura mientras toma el teléfono y llama al número de la pizzería que está sujeto por un imán en la puerta de la nevera. Enciende el televisor y piensa que quizá en las noticias digan algo de los perros, o de Jaime. Pasa un rato viendo el informativo hasta que suena el timbre; es la pizza.

Comiendo sigue pensando en Jaime, y en los perros. Y su curiosidad va creciendo a medida que el horror se diluye entre la mozzarella y la cerveza. Con el último pedazo de pizza ya ha decidido seguir con la investigación. No puede dejar esta historia inacabada, debe averiguar porqué Jaime hace lo que hace.

Está decidido a vigilar todos los movimientos de Jaime a partir de ahora. Pero necesitará un vehículo discreto para seguirle si vuelve a la sierra. La solución puede ser la moto de Félix. Lucas le llama para pedírsela con la excusa de que quiere ir de excursión ahora que está de vacaciones. No hay problema, Félix le presta la moto y además quedan el sábado para tomar unas cervezas, Lucas está deseando contarle todo lo que ha pasdo con Jaime el misterioso. Eso sí, Félix le va a traer las llaves él mismo, esta tarde, está muy ocupado y le pilla de paso su casa.

A media tarde Félix llama a la puerta y prácticamente sin cruzar palabra le deja las llaves de la moto que ha aparcado abajo. Así empieza la vigilancia. Lucas se planta frente al edificio donde vive Jaime dispuesto a pegarse a él como si fuera su sombra. Pero esa primera tarde no resulta muy fructífera y no consigue ver a Jaime ni siquiera asomarse a las ventanas; la casa permanece cerrada, quieta, y nadie podría adivinar si Jaime está en casa o no.

Al día siguiente la rutina vuelve a empezar y una vez más sin resultado. Al menos hace calor y no resulta duro estar todo el día en la calle. Además Lucas se sienta en un banco sombrío y aprovecha para avanzar en sus lecturas; ahora está con Mailer. Tampoco es tan mala forma de pasar las vacaciones, al aire libre, con lectura y algo en que pensar que no sea el maldito divorcio. Lucas vuelve a casa otra vez sin resultado y con poco esfuerzo esta noche cae rendido.

En sueños visita la gasolinera de la sierra, ve perros ardiendo, a Jaime y la cara de Concha con el ceño fruncido. No tiene un despertar muy plácido.
Todavía con el regusto amargo de los sueños sale a la calle para seguir adelante con su misión. Hace mucho calor y parece que el sol se ha propuesto derretir toda la ciudad. Así va creciendo la temperatura y mientras Lucas se refugia en su banco a la sombra, el cielo se va nublando y con unas violentas sacudidas se abre de repente y empieza a lanzar agua sobre la ciudad que arde. Lucas tiene que meterse en un portal junto al banco y aún así se cala.

Y es justo en ese momento, cuando más agua cae, cuando Jaime sale de su casa. Lucas le ve aparecer medio oculto por la manta de lluvia y sin pensarlo corre hacía la moto y arranca para seguirle, porque Jaime ya enfila calle abajo con su Renault.

No es fácil conducir una moto con lluvia, Lucas lo va comprendiendo a medida que trata de seguir al coche blanco por la ciudad buceando en el aguacero. Jaime se dirige a un barrio conocido y cuando por fin se detiene Lucas se da cuenta que están frente a la casa donde vive Concha ahora. Jaime llama al portero automático y la puerta se abre. Lucas se acerca al portal pero le resulta imposible saber si Jaime ha llamado al piso de Concha o a cualquier otro. Nota un calambre de celos por encima del estomago. ¿Y si además Jaime está liado con Concha?; era lo que faltaba. Al menos había dejado de llover lo que hace que Lucas pueda tranquilizarse un poco aunque ya está empapado.

Pasa media hora y Jaime sale por el portal y arranca de nuevo tomando el camino de la sierra. Lucas no pierde de vista la trasera del coche, ahora puede conducir un poco mejor aunque el suelo sigue mojado y debe tener cuidado. Jaime sigue hasta el desvío de Cercedilla y una vez en el pueblo dobla por un camino de tierra junto a la vía del tren y se detiene ante una cabaña prefabricada de madera. Esta vez no hay perros a la vista y Jaime no vuelve a salir hasta bien entrada la tarde cuando ya el cielo empezaba a tomar un color rojo y morado sobre el gris de la tarde. Jaime vuelve directamente a su casa, y Lucas decide volver a la suya porque está agotado y harto de tanta agua.

Por la mañana bien temprano Lucas se va estornudando a su puesto de guardia con apenas un café en el cuerpo. Y hoy acierta, pasa un cuarto de hora y Jaime se pone en marcha y vuelve a coger su coche. Lucas le sigue y esta vez ve que el destino va a ser la cabaña de Cercedilla sin paradas previas. Y así es, le sigue hasta que el Renault blanco entra en el camino de tierra, Lucas decide parar al lado de la vía del tren, esconder la moto y acercarse andando hasta la cabaña ocultándose entre los arbustos intentando no ser visto.

En la cabaña Jaime teclea frente a un ordenador y un hombre menudo y de tez morena vestido con un mono de trabajo entra por una puerta trasera y se dirige a él.

“Jefe, ya está ahí el bobo de su amigo”.
“No es mi amigo… encárgate de él”.

Lucas no puede oír esta conversación y cuando oye un chasquido a su espalda sólo alcanza a dar media vuelta para ver como el gasolinero de la otra noche le golpea. Entonces cae inconsciente.

Una visión borrosa ante él; una figura que se va fijando en su retina trazando los rasgos de Jaime que le observa plantado delante de él.
“¿Dónde estoy?” pregunta Lucas.
“Estás donde estabas, no te has movido”.
“Jaime, ¿de qué coño va todo esto?, ¿qué jueguecito te traes con los perros?

Jaime enciende un cigarro y soltando el humo hacía el techo empieza a hablar.

“No espero que lo entiendas pero te lo diré. Nosotros somos cazadores, cazamos seres, como te diría… diferentes, no son humanos, no tienen cuerpo. Tres de ellos se han refugiado aquí en la sierra; son muy peligrosos. Como saben que les seguimos se han refugiado dentro de los perros. Ya hemos cazado a uno, pero hasta que no arden no sabemos si hay uno de ellos dentro del cuerpo.”
“Y, ¿de dónde han venido?
“Eso que importa, el caso es que están aquí.
“Y tú, ¿que ganas con todo esto?
“Somos soldados. Nosotros garantizamos la supervivencia de la raza humana. Si no estuviéramos aquí ya habríais desaparecido. No tenéis ni idea de lo que hay ahí fuera.”
“¿Y Concha”, pregunta al azar.
“Concha forma parte de un comando de apoyo. Ella no caza pero se encarga de ayudarnos en la misión.”
Lucas intenta incorporarse.
“Ayúdame, me largo de aquí. Sabes que estas chalao. No… ahí te quedas con tus perros y tus chorradas.
Jaime avanza y le hace caer de nuevo al suelo.
“Lo siento Lucas pero ahora que sabes la verdad debes morir”.

- Diga
- Hola. Soy Jaime. Oye, me han dicho que te llame. Verás, tenías razón, el idiota de tu ex me vigilaba.
- ¿Dónde esta?
- Le tengo aquí, sentadito a mis pies, atado, amordazado y acojonadito, no para de temblar y sudar como un perro. Ja, ja como un perro mas.
- ¿Qué le has contado? Que sabe??
- Nada. La tontería esa de los seres de otro mundo y que éramos unos agentes encubiertos; el tío se lo ha tragado. Menudo científico esta hecho. En realidad no sabe nada; pero ya conoces las normas. Si se acercan demasiado son un problema.
- Ya, ya. Y los problemas los soluciono yo.
- Exacto. Sabes que yo lo haría, pero Manolo me lo tiene prohibido. Dice que no conozco los limites.
- Joder, Jaime, al ultimo casi le arrancas la cabeza antes de pegarle un tiro. Tuvimos que buscar las orejas durante diez minutos, y algún dedo sigue perdido por la cabaña, no sabíamos si aquello era humano o que.
- Ya, ya. Pues eso. Que tires para acá.
- Voy. Dame una hora. Dale de comer algo al bobo. No me gusta que tengan el estomago vacío. Están inquietos y se mueven mas, y no tengo ganas de correr.

Concha se dirige a su mesilla. Saca un estuche negro, descorre la cremallera y abre en dos el estuche. Dentro se puede ver una pistola, varios cartuchos y un silenciador. Comprobados todos los elementos de su trabajo, a sus jefes le gusta lo escrupulosa que es, sin excesos como los de Jaime, agarra el bolso y se dirige al garaje.
Mientras conduce camino a la gasolinera piensa en Lucas. Cuando le conoció pensó que seria una buena idea; un maridito, una vida ideal y perfecta para continuar con su trabajo. El escaparate perfecto: una mujercita de un catedrático, con sus idas y venidas, con sus congresos y sus congresos. A sus jefes la idea les encanto y Jaime se mostró muy positivo, compartir escondrijos le hacia sentirse mas cerca de Concha. Desde el principio le echó una mano y le daba información sobre su futuro marido. Todo parecía justo como ella lo necesitaba; pero se aburría, demasiadas charlas sobre gatitos perdidos, alces asesinados y larvas vomitadas
Según Jaime, Lucas iba de listo, pero en el fondo no se enteraba de lo que pasaba mas allá de sus narices. Joder, se había tragado el cuento de los perros y los extraterrestres. Concha sonríe.
Ella se invento esa historia. En realidad, los perros eran pruebas de un asunto un tanto sucio. Jaime y su ayudante, ¿cómo se llamaba ese chico?, siempre con el mono azul detrás de Jaime, ¿Cómo narices se llamaba ese tío?; bueno, ambos habían recibido un castigo de Manolo por el desastre de tío, el de las orejas. Llevaban varios meses encargados de eliminar elementos que era mejor que nadie encontrara; esta semana eran los perros de un mafioso. En teoría había salido con ellos a pasear y no había vuelto. No era buena idea que los perros aparecieran. Así todo funcionada mejor, con misterio y sin respuestas.
En realidad, cuando algún cotilla preguntaba mas de lo debido, les contaban esas historias para divertirse, daba igual, no lo compartirían con nadie y la verdad era mucho mas aburrida.
Parada en un semáforo, saca el móvil de su bolso. Marca el numero de su jefe.

- Hola, soy yo.
- Hola. Imagino que ya has hablado con Jaime.
- Si señor. Pero quería hablar con usted antes de llegar. Por si quería algo especial.
- Nada, mujer. Una cosa normalita. Que esos dos tontos lo hagan desaparecer cuando termines.
Por otra parte, ya sabes que lo siento por ti; se que le tenias cariño.
- La verdad es que hace tiempo que me había aburrido de él. Nos estábamos divorciando.
- Pobre diablo. Vive contigo y no se entera. Os vais a divorciar y se empeña en tocarle los huevos a Jaime.
- Le agradezco que me lo deje a mi. Esos dos bestias no habrían sido muy compasivos con mi ex.
- Bueno, lo se y me pareció justo. El tío nos ha venido muy los últimos años. De todos modos, prefiero que tu te encargues de estas cosas. Es posible que mas adelante hablemos de esos dos energúmenos. Ahora déjales. Diles que cuando acaben pueden dejarlo por hoy; pero adviérteles que si se van de putas no quiero que nadie acabe en el hospital sangrando y todo eso

Concha y su jefe mantienen el silencio durante unos segundos.

- Pero mas adelante Concha. Cuando todos estemos mas tranquilos. ¿De acuerdo?
- Tranquilo, jefe.

Jaime y su cachorrito sin nombre tenían una predilección por la gente apaleada. Putas incluidas. Y a Concha eso le repugnaba; esto era un trabajo, nada personal, nada emocional. Ella misma había metido su trabajo en su vida, es cierto; pero no era mas que una tapadera. Su vida con Lucas nunca había sido sincera. Ni siquiera en la cama. Concha había conocido a gente mucho mas activa que Lucas; pero este le hacia gracia y el muchacho ponía ganas e intenciones. Lo malo era tener que soportar esas charlas post coito sobre membranas, y animales salvajes y animales en cautividad y toda la retahíla. Hasta que se canso de tanta tontería. Además, ya estaba establecida en la ciudad, no necesitaba ninguna coartada; Lucas le había introducido en un ambiente agradable, donde nadie podía sospechar que convivía con una profesional; no una normal, sino una de las mas reputadas en su campo. Era perfecto. Bueno, ahora tendría que soportar preguntas por la desaparición de su ex. La depresión era la respuesta mas evidente y ella incidiría en ella en cuanto el primer policía la visitara.
Cuando llega a la gasolinera, lo primero que ve es al perro privado de Jaime. Baja del coche y pasa de largo. Ni ella le saluda, ni él lo espera. En su actitud hay respeto a una persona con un cargo por encima suya, pero también miedo a una mujer de la que ha escuchado muchas historias; no amables precisamente. Concha sabe lo que se dice por ahí de ella; lo sabe y le gusta.. Paladea el miedo en los ojos de estos mindundis, que van de duros pero que cuando se cruzan con ellas bajan los ojos, asustados e impresionados por la tranquilidad de la señora.
Junto a la caseta esta Jaime. Este mira el reloj y la sonríe.

- Barbaridad. Ni una hora. Eso es puntualidad.
- Hola Jaimito.

Él frunce el ceño. Ella sabe que no le gusta que le llamen así. Pero también sabe que él se callara y no dirá ni mu; Concha es intocable, al menos para él.

- ¿ Donde me lo has dejado?
- Esta ahí dentro. Puedes sola o te echo una mano??.
- Jaime. No me toques las narices. Toma sujeta esto.

Concha le da el bolso. Abre el estuche negro. Saca la pistola y le coloca el silenciador, la carga y entra en la cabaña. Jaime deja el bolso en el suelo y saca un paquete de tabaco del bolsillo de la camisa. Coge un cigarro y lo enciende con un encendedor que también se encontraba dentro del paquete. Lo guarda todo y fuma despacio.
Cuando no había dado mas de tres caladas al cigarro, se abre la puerta.
Concha sale, su aspecto físico es el mismo, pero su cara esta blanca, casi pálida.

- El jefe dice que cuando acabéis os podéis ir para casa tu y…joder, ¿Cómo se llama tu perro faldero?
- Benito, se llama Benito.
- Pues eso. Cuando terminéis con Lucas lo podéis dejar. Escucha bien Jaime, Manolo me ha recordado que te diga que os podéis ir a uno de esos locales que tanto os gusta. Pero que nada de hospitales, ni paquetes en urgencias y coches derrapando. ¿Entendido?
- Si, coño. Aquello fue un accidente.
- Ya. Como siempre.

Concha se da la vuelta y se aleja sin despedirse. Ambos saben que ella será la encargada de hacer el trabajo si no obedecen; así que Jaime decide portarse bien. Llama a benito y le manda a por un par de latas de gasolina, apaga el cigarro, se sube las mangas de la camisa y entra en la cabaña, donde le espera Lucas; siempre fue paciente, el tal Lucas..

Concha conduce hacia la ciudad, pisa el acelerador y la aguja del velocímetro orbita hacia la derecha rápidamente. Benito, piensa Concha, el perro se llama Benito. Sabe que antes o después recibirá un encargo con su nombre. Lo sabe, pero se olvida de él pronto. Aun es pronto. Todo llegara, se dice Concha, mientras piensa en la ducha que se va a dar nada mas llegar a casa, con el agua hirviendo y el móvil apagado. Por hoy ha terminado. Se lo dice mientras saca el móvil del bolso y lo apaga. Su mente, inquieta en un día normal, se vacía; nada de recuerdos, ni debilidades. Solo ella, ducha de agua caliente y la nada. Una profunda, silenciosa y relajante nada.

3 comentarios:

Nathalie dijo...

Entretenida tu historia, agradable microcuento...saludos

Anónimo dijo...

Esto es lo que se llama una critica concisa, clara y concreta. Y encima es positiva. Muy bien nathalie, asi me gusta.
Vuelve cuando quieras

Lucindo

Anónimo dijo...

Otra cosa Nathalie. ¿ De verdad que te gusta una pelicula de Jodorowsky? ¿La has visto entera? y ¿mas de una vez?. Si eso es cierto mi respeto; eres un ser superior.

Lucindo