
A Quím. Monzó y a Mónica Lewinsky
A María le gusta comer pollas; es una comepollas. Por suerte, a su novio Joaquín la situación no le molesta en absoluto. Mientras se dedique a su polla, claro esta. Le ha dicho muchas veces que no se trata de si es sexo o no; se trata de fidelidad a unas formas, a unas maneras. María al principio intentaba convencer a Joaquín de que la única polla que le follaba era la suya, que lo otro no eran mas que ejercicios viciados por la costumbre. Pero, claro, a Joaquín todo aquello no le convenció, así que María tuvo que dejar de comer pollas ajenas. Al principio la relación no se resintió. Maria parecía contenta con la polla de su chico, la disfrutaba como nunca había disfrutado con otras vergas; comenzó a conocerla, a reconocer sus movimientos, sus apetencias y sus cansancios; no había detalle que no le resultara interesante y al que no se lanzara hambrienta de estudio durante el tiempo necesario. Durante horas, tenía esa polla entre sus manos, que la amasaban y la mimaban con delectación, quería introducirse en sus secretos, en sus verdades. Joaquín se dejaba hacer, relajado, pues veía como su chica se empeñaba en encontrar las bondades de la monogamia oral.
Pero María era una comepollas sentimental, lo suyo no era consecuencia de una deducción mental; lo que la empujaba a comer rabos era su instinto, una fuerza interior, inevitable, contra la que luchar era una utopía estúpida. Durante años, desde que tenía memoria sexual, le había gustado disfrutar de más de una polla; se aburría con una sola, aunque fuera la de su chico. Pronto, empezó a plantearse que Joaquín no tendría porque saberlo. Ella le quería. No era el amor lo que estaba en cuestión. Se hablaba de falos y de chuparlos. Empezaron a obsesionarle las mamadas que no había podido realizar durante esos meses, los lugares que no había visitado, los huevos que no había acariciado, los sabores que la vida en pareja le había robado. Se trataba de llegar a controlar ese arte hasta el paroxismo, de controlar las corridas durante horas, de conocer todas y cada una de las pollas con las que se cruzaba en esta vida: de tener el poder, de saberse la mejor mamadora del mundo entero; los hombres poderosos le pagarían por tener el privilegio de que ella se comiera sus pollas, los reyes vaciarían los harenes solo para ella; los pobres matarían por tener el privilegio de sus favores. Empezó a sentirse triste, a moverse por la casa nerviosa, buscando algo que hacer. Lo limpió, lo volvió a limpiar y a lo reluciente le sacaba brillo. Cocinaba sin parar. Nada servía. Joaquín la encontraba en el sofá, suspirando, con la mente puesta en lugares lejanos, en sitios donde él jamás estaba, donde no se podían encontrar seres humanos. Solo falos. Ella, en cuanto le veía entrar por la puerta, sonreía y se le echaba encima. Segundos después, le estaba comiendo la polla. Agotado, muchos días retrasaba su llegada a casa. Daba igual, al llegar ella estaba en el sofá esperándole para iniciar su gimnasia del rabo.
La compulsión que sentía era tan grande que decidió probar con consoladores; y así, intentar conseguir esa sensación de fuga física, de descanso espiritual, de húmedo descanso. Pero el sabor a plástico le repugnaba, no había sudor, ni quejidos, ni agradecimientos, no era lo mismo. Le gustaba escuchar al varón, notar como respondía a su trabajo, a sus maneras, el plástico era impersonal. ¿Y Joaquín? Joaquín no tendría porque enterarse, ella solo quería descansar, aplacar su instinto. Instinto que había crecido durante su época de fidelidad oral. Ella lo que quería, en resumen, era comer muchas pollas. Cada vez más, ya no quería otra polla. Ahora quería OTRAS.
La oportunidad apareció cuando a Joaquín le dijeron en el trabajo que tenia que irse unos días a poner orden en la delegación provincial. Aquello no duraría menos de un par días, aunque podía alargarse otros 2 días más. Cuando María se entero de la noticia hizo algo que Joaquín jamás la había visto hacer. Se echó un cigarrillo, y luego otro, y otro. Se fumo el paquete entero en diez minutos. Y el viaje era dentro de una semana, pensó Joaquín.
¡De 2 a 4 días sin comer pollas! pensó María. Ninguna polla. Esa semana las mamadas se alargaban hasta lo insufrible. Joaquín tenia un profundo dolor de huevos que jamás compartió con su chica; ella, nerviosa y excitada, había redoblado sus esfuerzos y sus actos mamarios. Parecía hambrienta, desasosegada. Comer pollas le alimentaba el alma, y pensar que no habría polla que llevarse a la boca le retorcía sus instintos, sus pensamientos se enturbiaban, despedazados por el miedo a la soledad de su boca.
Joaquín regreso 2 días después. La cosa no había sido para tanto y se había arreglado con un poco de tacto y alguna bronca a tiempo. Tardo un rato en aparcar, parecía que hubiera mas coches que nunca, como si hubiera en el barrio una convención o una reunión de antiguos alumnos. Desde el aparcamiento a casa, ando unos 15 minutos, con la maleta a cuestas y cagandose en todo; estaba enfadado, tenía prisa por ver a María. Al irse, la preocupación aumentó de forma geométrica, cada segundo parecía una hora; mientras estaba en la delegación, no paraba de recordar que su mujer, la come pollas, estaba en casa, sola y hambrienta y él estaba a 2.000 Km. Sabia que ella le quería, pero que su compulsión era otra cosa. Tenía prisa, tenía mucha prisa. Además, le picaban los huevos.
Al subir la escalera se cruzo con dos tipos; los dos bajaban sonriendo de forma ostensible, dándose palmadas y comentando la jugada. No le gusto nada y aceleró el paso. Antes de llegar a su casa ya se percibía la jarana. La puerta estaba entreabierta y se escuchaba música. Al entrar Joaquín vio a una turba de tíos en su salón; vio tíos en bolas que andaban por la casa, riéndose y bebiendo; otros , todavía vestidos, se encaminaban hacia su cuarto. Joaquín, estupefacto, pensó en echarlos de allí, pero eran demasiados y no parecían proclives al final de la fiesta. Consciente de lo que pasaba, se dirigió a su cuarto. A medida que se acercaba el numero de tíos vestidos disminuía; aquí y allá aparecían montones de ropa, esparcidos sin orden, anárquicamente. Al llegar, se encontró con un montón de tíos desnudos; todos estaban en pelotas, algunos sólo estaban tumbados en el suelo esperando su turno, otros hacían cola mientras bebían y señalaban su cama. El tálamo nupcial no se distinguía, tapado por hombres desnudos que la rodeaban y chillaban, animando a Maria con gritos favorables a su actitud y aptitud. La música casi ni se escuchaba por los gritos de ánimo.
Joaquín se paro un momento. Miro a los tíos que esperaban su turno, habría unos 15 maromos con los rabos listos para una buena mamada. Todos parecían expectantes. Algunos, los que habían acabado, se vestían y se dirigían al salón; donde comentaban la jugada entre palmoteos machistas y comentarios subidos de tono.
Joaquín se volvió hacia el salón. Cerró la puerta. Subió la música y se dirigió a la cocina. Allí también había gente reunida.
Buenas tardes, buenas tardes.
Se puso una copa y se sentó en la cocina. Su cara estaba blanca y sudaba, parecía agotado, superado por la situación. Uno de los tíos se dirigió a él.
Qué amigo, recién llegado. Si, acabo de llegar si. Bonita fiesta verdad. Si, muy bonita. Y la chica, impresionante. Si, impresionante. Aquí los amigos estábamos comentando que es un ejemplar único de comepollas, lleva dos días comiendo pollas y no se agota, es insaciable. Estamos pensando en llamar a un amigo periodista para que la haga un articulo, triunfa seguro. Si, seguro.
Joaquín, se levanta, se pone otra copa y se sienta a beber. Solo, pensativo, y con un profundo dolor de huevos. Cuando termine la copa, se pondrá otra, y luego otra, y otra; hasta que el cuerpo se derrumbe y los huevos dejen de dolerle. Agotado. Beberá sin parar hasta que los huevos dejen de dolerle o hasta que le llegue su turno. Su maldito y placentero turno.
A María le gusta comer pollas; es una comepollas. Por suerte, a su novio Joaquín la situación no le molesta en absoluto. Mientras se dedique a su polla, claro esta. Le ha dicho muchas veces que no se trata de si es sexo o no; se trata de fidelidad a unas formas, a unas maneras. María al principio intentaba convencer a Joaquín de que la única polla que le follaba era la suya, que lo otro no eran mas que ejercicios viciados por la costumbre. Pero, claro, a Joaquín todo aquello no le convenció, así que María tuvo que dejar de comer pollas ajenas. Al principio la relación no se resintió. Maria parecía contenta con la polla de su chico, la disfrutaba como nunca había disfrutado con otras vergas; comenzó a conocerla, a reconocer sus movimientos, sus apetencias y sus cansancios; no había detalle que no le resultara interesante y al que no se lanzara hambrienta de estudio durante el tiempo necesario. Durante horas, tenía esa polla entre sus manos, que la amasaban y la mimaban con delectación, quería introducirse en sus secretos, en sus verdades. Joaquín se dejaba hacer, relajado, pues veía como su chica se empeñaba en encontrar las bondades de la monogamia oral.
Pero María era una comepollas sentimental, lo suyo no era consecuencia de una deducción mental; lo que la empujaba a comer rabos era su instinto, una fuerza interior, inevitable, contra la que luchar era una utopía estúpida. Durante años, desde que tenía memoria sexual, le había gustado disfrutar de más de una polla; se aburría con una sola, aunque fuera la de su chico. Pronto, empezó a plantearse que Joaquín no tendría porque saberlo. Ella le quería. No era el amor lo que estaba en cuestión. Se hablaba de falos y de chuparlos. Empezaron a obsesionarle las mamadas que no había podido realizar durante esos meses, los lugares que no había visitado, los huevos que no había acariciado, los sabores que la vida en pareja le había robado. Se trataba de llegar a controlar ese arte hasta el paroxismo, de controlar las corridas durante horas, de conocer todas y cada una de las pollas con las que se cruzaba en esta vida: de tener el poder, de saberse la mejor mamadora del mundo entero; los hombres poderosos le pagarían por tener el privilegio de que ella se comiera sus pollas, los reyes vaciarían los harenes solo para ella; los pobres matarían por tener el privilegio de sus favores. Empezó a sentirse triste, a moverse por la casa nerviosa, buscando algo que hacer. Lo limpió, lo volvió a limpiar y a lo reluciente le sacaba brillo. Cocinaba sin parar. Nada servía. Joaquín la encontraba en el sofá, suspirando, con la mente puesta en lugares lejanos, en sitios donde él jamás estaba, donde no se podían encontrar seres humanos. Solo falos. Ella, en cuanto le veía entrar por la puerta, sonreía y se le echaba encima. Segundos después, le estaba comiendo la polla. Agotado, muchos días retrasaba su llegada a casa. Daba igual, al llegar ella estaba en el sofá esperándole para iniciar su gimnasia del rabo.
La compulsión que sentía era tan grande que decidió probar con consoladores; y así, intentar conseguir esa sensación de fuga física, de descanso espiritual, de húmedo descanso. Pero el sabor a plástico le repugnaba, no había sudor, ni quejidos, ni agradecimientos, no era lo mismo. Le gustaba escuchar al varón, notar como respondía a su trabajo, a sus maneras, el plástico era impersonal. ¿Y Joaquín? Joaquín no tendría porque enterarse, ella solo quería descansar, aplacar su instinto. Instinto que había crecido durante su época de fidelidad oral. Ella lo que quería, en resumen, era comer muchas pollas. Cada vez más, ya no quería otra polla. Ahora quería OTRAS.
La oportunidad apareció cuando a Joaquín le dijeron en el trabajo que tenia que irse unos días a poner orden en la delegación provincial. Aquello no duraría menos de un par días, aunque podía alargarse otros 2 días más. Cuando María se entero de la noticia hizo algo que Joaquín jamás la había visto hacer. Se echó un cigarrillo, y luego otro, y otro. Se fumo el paquete entero en diez minutos. Y el viaje era dentro de una semana, pensó Joaquín.
¡De 2 a 4 días sin comer pollas! pensó María. Ninguna polla. Esa semana las mamadas se alargaban hasta lo insufrible. Joaquín tenia un profundo dolor de huevos que jamás compartió con su chica; ella, nerviosa y excitada, había redoblado sus esfuerzos y sus actos mamarios. Parecía hambrienta, desasosegada. Comer pollas le alimentaba el alma, y pensar que no habría polla que llevarse a la boca le retorcía sus instintos, sus pensamientos se enturbiaban, despedazados por el miedo a la soledad de su boca.
Joaquín regreso 2 días después. La cosa no había sido para tanto y se había arreglado con un poco de tacto y alguna bronca a tiempo. Tardo un rato en aparcar, parecía que hubiera mas coches que nunca, como si hubiera en el barrio una convención o una reunión de antiguos alumnos. Desde el aparcamiento a casa, ando unos 15 minutos, con la maleta a cuestas y cagandose en todo; estaba enfadado, tenía prisa por ver a María. Al irse, la preocupación aumentó de forma geométrica, cada segundo parecía una hora; mientras estaba en la delegación, no paraba de recordar que su mujer, la come pollas, estaba en casa, sola y hambrienta y él estaba a 2.000 Km. Sabia que ella le quería, pero que su compulsión era otra cosa. Tenía prisa, tenía mucha prisa. Además, le picaban los huevos.
Al subir la escalera se cruzo con dos tipos; los dos bajaban sonriendo de forma ostensible, dándose palmadas y comentando la jugada. No le gusto nada y aceleró el paso. Antes de llegar a su casa ya se percibía la jarana. La puerta estaba entreabierta y se escuchaba música. Al entrar Joaquín vio a una turba de tíos en su salón; vio tíos en bolas que andaban por la casa, riéndose y bebiendo; otros , todavía vestidos, se encaminaban hacia su cuarto. Joaquín, estupefacto, pensó en echarlos de allí, pero eran demasiados y no parecían proclives al final de la fiesta. Consciente de lo que pasaba, se dirigió a su cuarto. A medida que se acercaba el numero de tíos vestidos disminuía; aquí y allá aparecían montones de ropa, esparcidos sin orden, anárquicamente. Al llegar, se encontró con un montón de tíos desnudos; todos estaban en pelotas, algunos sólo estaban tumbados en el suelo esperando su turno, otros hacían cola mientras bebían y señalaban su cama. El tálamo nupcial no se distinguía, tapado por hombres desnudos que la rodeaban y chillaban, animando a Maria con gritos favorables a su actitud y aptitud. La música casi ni se escuchaba por los gritos de ánimo.
Joaquín se paro un momento. Miro a los tíos que esperaban su turno, habría unos 15 maromos con los rabos listos para una buena mamada. Todos parecían expectantes. Algunos, los que habían acabado, se vestían y se dirigían al salón; donde comentaban la jugada entre palmoteos machistas y comentarios subidos de tono.
Joaquín se volvió hacia el salón. Cerró la puerta. Subió la música y se dirigió a la cocina. Allí también había gente reunida.
Buenas tardes, buenas tardes.
Se puso una copa y se sentó en la cocina. Su cara estaba blanca y sudaba, parecía agotado, superado por la situación. Uno de los tíos se dirigió a él.
Qué amigo, recién llegado. Si, acabo de llegar si. Bonita fiesta verdad. Si, muy bonita. Y la chica, impresionante. Si, impresionante. Aquí los amigos estábamos comentando que es un ejemplar único de comepollas, lleva dos días comiendo pollas y no se agota, es insaciable. Estamos pensando en llamar a un amigo periodista para que la haga un articulo, triunfa seguro. Si, seguro.
Joaquín, se levanta, se pone otra copa y se sienta a beber. Solo, pensativo, y con un profundo dolor de huevos. Cuando termine la copa, se pondrá otra, y luego otra, y otra; hasta que el cuerpo se derrumbe y los huevos dejen de dolerle. Agotado. Beberá sin parar hasta que los huevos dejen de dolerle o hasta que le llegue su turno. Su maldito y placentero turno.
6 comentarios:
Se puede ser infiel, pero nunca desleal. Ahora bien, hay que poder y saber lidiar con esta premisa.
Yo no podría, pero creo que quien lo consiga tiene la mejor relación posible. Y no por la variedad en materia sexual o no sólo por eso, sino sobre todo por el grado de confianza que supone.
"Se puede ser infiel, pero nunca desleal. Ahora bien, hay que poder y saber lidiar con esta premisa." Personalmente no estiendo esta frase, me parece rimbombante y vacia. Que significa eso de poder lidiar con esa premisa, con que premisa, que poner los cuernos a tu mujer esta bien si vuelves a casa por las noches y pagas la cena??? La deslealtad no es una forma de infidelidad o viceversa???
O sea, que mientras se lo cuente a mi mujer me puedo cepillar a quien sea....Bueno, habra que seguir dandole vueltas
Un borrachin despistado y algo desleal
Lo que más me gusta es el título. Soís unos artistas!
Nada más lejos de mi intención que ser rimbombante y vacío. De hecho, estoy bastante relleno. No debo de haberme explicado bien, así que ahí voy de nuevo.
Desde un punto de vista muy personal, entiendo la fidelidad como algo carnal/material y la lealtad como algo mucho más complejo y próximo a valores absolutos como la amistad o el respeto. Soy fiel al Johnny Walker y leal con mi familia o mis principios, por ejemplo.
Ya digo que yo no podría, pero con ese enfoque hay personas que cultivan la infidelidad, los intercambios y demás en pareja, sin engañarse, a la cara y sin dejar de ser pareja.
Claro que, para ellos, eso no es infidelidad. En cualquier caso, si se consigue, es sólo gracias a una confianza brutal en el otro y en uno mismo.
Espero que si esto sigue sonando rimbombante, al menos ya no suene vacío.
Estimado Angel, te entiendo pero no se si comparto tu opinión. Lo de cultivar la infidelidad y seguir viviendo en pareja, puede ser posible, no lo se. Me parece muy complicado.
De todos modos, personalmente, no entiendo que una pareja pueda funcionar desde la infidelidad; creo que el desgaste y el cansancio arruinarian esa convivencia y si esas parejas existen, estoy convencido que mas que por confianza lo que hay es un autoengaño y una incapacidad para asumir el fracaso matrimonial muy grande. Creo que la infidelidad es una falta de respeto, por lo tanto no entiendo como se puede ser fiel desde el respeto.
Pero bueno, es posible que yo no sea mas que un romantico y no me haya enterado de nada.
De todos modos, no juzgo a los personajes pero creo que Maria y Joaquin se quieren mucho, pero tienen un problema bien gordo.
Un borrachin rimbombante
Vaya tia mas puta. Yo la echaba de casa a patadas.
Lo que pasa es que hay gente que tiene mucha jeta y trata de camuflar esto por algo "comprensible". La gente se ha desensibilizado
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